Miércoles 04 de Noviembre de 2009
El análisis fino del resultado dependerá del cristal con el que se analicen los 90 minutos del partido, pero también el momento de uno y otro equipo. Porque la categoría del rival imponía un manto de duda sobre lo que podía llegar a hacer Tiro Federal, después de haberse comido un cachetazo importante en Mar del Plata. Pero la realidad marcó otra cosa. Por ejemplo que el conjunto de Ludueña mereció mejor suerte en un partido chivo, que recién logró abrirse en el complemento, con el ingreso de Facundo Castillón. Así, el empate que por allí en la previa muchos se animaban a firmar fue un verdadero castigo para el conjunto tirolense.
Y todo sin ser una tromba ni nada que le parezca. Apenas si le alcanzó a Tiro para imponer su juego cuando se atrevió a ir para adelante, pero con decisión. El problema es que eso lo logró recién desde el primer minuto del segundo tiempo, cuando Castillón ofició de factor desequilibrante. De todas formas los Tigres nunca pudieron vulnerar la resistencia de un Quilmes que privilegió mantener el cero en su arco y que nunca mostró un real atrevimiento de mitad de cancha hacia arriba.
Esa misma imagen es la que mostró también Tiro al principio. Es que ambos equipos se encargaron de protagonizar un verdadero bodrio en un primer tiempo para el olvido. Cómo habrá sido la cosa que el árbitro Mariano González lo terminó cuando el reloj prácticamente no había llegado a los 45 minutos.
Algo debía cambiar. Y así fue, aunque la variante fue sólo parcial. Desde el juego varias cosas se modificaron, pero no así desde el resultado. Un Quilmes livianito de tres cuartos en adelante (Sava fue un espectador de lujo) nunca generó peligro en la última línea de Tiro y desde allí el equipo cimentó sus merecimientos. Porque Castillón se ubicó bien abierto por la derecha (por momentos bajaba a dar una mano al mediocampo) y desde ese lugar comenzó a tejer las mejores situaciones en ofensiva. A los 8’ el delantero tuvo su chance con una diagonal que terminó con un remate apenas alto, cinco minutos más tarde fue el encargado de exigir a Trípodi en el primer palo, a los 22’ fue quien cedió un centro a la cabeza de Leandro Armani, quien no pudo anticiparse al cruce del arquero cervecero y a los 28’ la puso a la cabeza de Rossi, quien impactó débil a las manos del uno.
Los méritos ya eran más que suficientes para haberse puesto en ventaja, pero la falta de puntería venía ganando la pulseada. Y la ganó también cuando el propio Castillón perdió en el mano a mano con Trípodi, quien la envió al córner. También cuando de ese tiro de esquina Seri la sacó sobre la línea tras el cabezazo del Bicho Rossi.
Quilmes a esa altura ya había entendido a la perfección que el punto que se llevaba tenía un valor agregado. Y Tiro que las dos unidades que dejaba en el camino eran un castigo por no haber traducido en la red la diferencia que le marcó en el juego.