Edición Impresa

Tienen una murga y le cantan a la ciudad arriba de los colectivos

Son los jovenes de Mal Ejemplo, creada hace siete años con la idea de "cambiarles el día" a los pasajeros que ascienden a los coches urbanos.

Lunes 02 de Junio de 2014

Es media mañana de un día de semana. Los colectivos urbanos paran en Cafferata y Santa Fe. En cuestión de segundos, ellos son los encargados de cambiar las caras largas de los pasajeros en una jornada laboral. Los murgueros de Mal Ejemplo le ponen un toque de alegría al viaje mientras le cantan a los barrios de Rosario. Antes, deben convencer al chofer para que los lleve unos minutos a bordo. Si lo logran, el mal humor de los pasajeros puede convertirse en un carnaval que permita disfrutar el resto del día.

Se juntaron hace siete años, enamorados de la murga y convencidos que el género les permite dejar un mensaje de crítica social y cotidiana en sus letras. Su formación muta cada año, pero mantiene su esencia de darle un toque local a sus apariciones. De sus 21 integrantes en la actualidad, Ramiro González es uno de los históricos. Pero tres de ellos llevan su música arriba de los colectivos como una forma de ganarse la vida.

"La ventaja es que hacemos algo desconocido. Es lo que nos gusta hacer y el hecho de tomarlo como un laburo nos ayuda a tener un pesito en el bolsillo", dice Lautaro Echeverría.

A su lado, Julián Berj no duda en señalar: "Es un espectáculo de guerrilla. Subís, golpeás y te vas. La tensión se pierde enseguida, porque la gente cambió, se bajó del colectivo o subió. La gente que va a laburar, o va al centro por un trámite, se come un garrón y capaz que le cambiamos el día. Lo toman bien, sobre todo los jubilados, que son una masa".

A estos veinteañeros la murga les corre por las venas. "Algunas murgas priorizan la calidad artística o estética por sobre el mensaje. Nosotros no queremos alejarnos de lo popular, del barrio, de una fiesta perdida como el Carnaval. Hay que recuperarla y resignificarla con los vecinos", dice Julián.

Trabajar en la calle implica mucha adrenalina. Tiempos cortos y cambios permanentes en los seis minishows diarios.

"Son diez minutos buena onda. Porque te bajaste y te subís a otro bondi, y cambió todo", resalta Lautaro.

Los obstáculos empiezan en las paradas de colectivos. "El chofer es la mayor traba. De cinco conductores, uno te deja subir. Sabemos que cuidan su trabajo, pero si le entrás bien subís seguro", coinciden Lautaro y Julián. Están cerca de la terminal de ómnibus y se acerca un colectivo. El show está por empezar.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario