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"The jumping frijoles hacen el match" celebra una década

Dos equipos se preparan para competir, uno con remeras rojas, otro con azules. Prometen dejar todo para ganar, no precisamente en la cancha, sino en el escenario. Bajo reglas casi deportivas, donde el tiempo corre...

Sábado 01 de Septiembre de 2012

Dos equipos se preparan para competir, uno con remeras rojas, otro con azules. Prometen dejar todo para ganar, no precisamente en la cancha, sino en el escenario. Bajo reglas casi deportivas, donde el tiempo corre y una persona está a cargo del arbitraje de la competencia, el match de improvisación ya es una costumbre rosarina, un espectáculo instalado que cumple diez años, y los protagonistas le ponen el cuerpo y la voz en una charla con Escenario donde los casi veinte integrantes del grupo The Jumping Frijoles y su director Cristian Marchesi, compartieron las experiencias del improvisar día a día.

Hace diez años que el grupo de improvisación no cesa de realizar sus clásicas presentaciones "The Jumping Frijoles hacen el Match", los jueves en Berlín y los sábados en el Café de la Flor. El creador de este monstruo es Cristian Marchesi: "Nació de casualidad, casi sin pensarlo, sin la idea de una proyección posterior. Daba talleres y me pareció que las formas teatrales que venía trabajando, podía desarrollarlas a través de este formato, que encontramos en internet. Lo probamos, y bien autodidacta como es la forma de acercarme a las cosas, me fui interiorizando acerca del origen de esta disciplina que tenía un desarrollo muy grande y muchos formatos distintos".

Se trata del teatro de representación y es una de las tantas formas teatrales del "Impro", un género que desde su comienzos ha estado ligado a la interacción con el espectador. "En el origen, las reglas están tomadas del hockey sobre hielo, el deporte más popular de Canadá. Los canadienses, viendo que la gente no asistía al teatro, buscaron hacer confluir aquello que tanto convocaba, con el teatro, y usando las reglas del hockey sobre hielo aplicadas al teatro, inventaron este "match". La idea es jugar y buscar superarse frente a la propuesta del rival, que en realidad, es el propio compañero", cuenta Marchesi.

No ensayan, entrenan. "Estoy a cargo de los "entrenamientos", no serían ensayos porque no hay un guión, sino más bien dinámicas específicas para cada género. Está orientado a lo deportivo ya que hacemos un espectáculo que pone muchísimo del físico en escena", detalla Vanina Rial, profesora de expresión corporal a cargo del entrenamiento del grupo. Y continúa: "Hay muchas estilos en los que incluso no se habla, como cámara lenta o cine mudo. Todas las escenas tienen mucho de acción y reacción y es indispensable la atención y conexión con el compañero para crear escenografía en el momento, porque como no hay objetos, se hace todo con el cuerpo".

¿Realmente improvisan todo o tienen una historia armada que adaptan al título que les tira el público? "Lo que tenemos entrenados son recursos: por ejemplo, en terror, sabés que podés utilizar ciertos recursos propios de género, hay tales personajes y situaciones. Esas cuestiones están "entrenadas", detalla Rial. "Todos contamos con un abanico de recursos, el desafío es cómo combinarlos y tener sentido de la oportunidad. Muchas veces tenés que cambiar los roles en el momento porque la historia fue para otro lado. El desafío para nosotros es prestar mucha atención en escena", confiesa Leila Esquivel.

El match de improvisación posee muchos atractivos que siguen manteniendo la convocatoria años tras año, función tras función. "Uno de los atractivos es plantear una alternativa que sea creativa e intensa. La gente participa con los títulos y eligiendo al ganador", cuenta Marchesi. Para Alejandro García: "Se apunta directamente a lo grupal, si bien cada uno aporta sus cosas, prima el sacrificio por el equipo. Y te entrena muchísimo actuar frente a un público de bar y no de sala porque la gente está tomando cerveza y comiendo, y tenés que captar la atención del espectador". "Sí, también es sacar el prejuicio de que el teatro tiene que ser ceremonioso. El hecho de hacer teatro en un bar, demuestra que uno se puede divertir con el teatro también y convocar gente", destaca Leila.

Contra el individualismo. "En un momento de tanta cosa virtual, el Match propone un contacto cuerpo a cuerpo. Te reís con el que está al lado, hay un fenómeno energético que tiene que ver con los cuerpos que me parece que es lo que tiene el teatro de esencial, que hace que no pueda ser reemplazado por otra manifestación", precisa el director del grupo y continúa: "Hoy en día, hay una idea del estrellato, de la primera figura, pasa en los medios como en las escuelas de arte. Y uno está proponiendo una actividad colectiva donde hay una actitud de cooperación, solidaridad escénica, que no es habitual. En televisión ves permanentemente concursos donde hay uno que gana y otro que pierde y fracasa. Entonces en torno a eso, proponer otra cosa, es complicado. Estos chicos han crecido con la cultura del menemismo, y no es un dato menor porque eso conlleva una cultura del individualismo ligada con la cultura Tinelli y demás". Un éxito local ya instaurado y sin fecha de vencimiento, donde las individualidades quedan absueltas para dirimir cada detalle de forma grupal.

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