Tercer crimen de un joven en 15 días en la misma zona de La Tablada
Otra vez las 9 milímetros y sus estampidos, la sangre derramada sobre la tierra y el pavimento. Otra vez un pibe asesinado a balazos en ese territorio caliente en el que se transformó la unión del barrio La Tablada con las villas Manuelita y del Tanque.

Miércoles 16 de Mayo de 2012

Otra vez las 9 milímetros y sus estampidos, la sangre derramada sobre la tierra y el pavimento. Otra vez un pibe asesinado a balazos en ese territorio caliente en el que se transformó la unión del barrio La Tablada con las villas Manuelita y del Tanque. Ayer le tocó a Miguel Nicolás Albariño, un limpiavidrios de 17 años domiciliado en Villa Gobernador Gálvez. Su cuerpo, con sus piernas destrozadas con disparos efectuados a muy corta distancia, fue arrojado en la esquina de Spiro y Grandoli, a 200 metros del destacamento policial del Tanque. Fue el tercer crimen en 15 días en ese sitio (ver aparte).

El asesinato de este adolescente se inscribe en la espiral de locura en la que derivó la pelea entre grupos antagónicos por el control de las calles, aunque la víctima no tendría relación directa con los bandos en pugna. Es que el homicidio de Daniel Ernesto Caballo Alcaraz, el jueves pasado al mediodía, dejó el área de influencia de la llamada "banda del puente" en estado de paranoia con la posibilidad de que los rivales fueran por ellos.

"Parece ser que el pibe asesinado vino con otros dos muchachos a comprar algo de droga a uno de los quioscos que está en la zona de Milton C., el principal sospechoso del crimen de Caballo Alcaraz que vive por Presidente Quintana y Esmeralda. Después cruzaron Grandoli y se fueron para la casa de otro limpiavidrios del que eran amigos, que vive cerca del puente (de hierro). Alguno de los laderos del Checho Alcaraz los vio y pensó que estos venían para meterles bala. Y ante la duda, los cruzaron dentro de la casa", relató una fuente conocedora del barrio.

Zona caliente. Miguel Albariño vivía en la zona de la comisaría 26ª y se ganaba unos pesos como limpiavidrios en la rotonda de bulevar Oroño y Pellegrini. El lunes por la noche junto con dos amigos, uno domiciliado como él en Villa Gobernador Gálvez y otro en la villa Banana, se fueron en colectivo hasta La Tablada.

La idea era culminar el viaje en la casa de un amigo que vive en uno de los pasillos que se abren a la altura de Spiro y Cepeda, una red de pasadizos que conectan la villa Del Tanque con la Manuelita. Uno de esos caminos llega hasta la calle 409, la prolongación de Cepeda, y el puente de bulevar Seguí, donde suele parar —al lado de un santuario— la banda que liderara el fallecido Joel Alcaraz.

Ayer por la tarde, esquivando piedrazos, efectivos de la comisaría 16ª y de la sección de Homicidios llegaron a la escena del crimen con una orden de allanamiento rubricada por el juez de Instrucción Juan Carlos Vienna. Allí encontraron ropas ensangrentadas y rastros de lo que significó un ataque feroz ante lo que los soldaditos del puente tomaron como una amenaza posible.

Marcas. Albariño no pudo correr porque era rengo. Entonces lo atraparon y le dispararon en las piernas. Fue entre la 0.30 y la 1 de la mañana. Recibió dos balazos en la pierna derecha y uno en la izquierda. Todas heridas con entrada y salida que le pulverizaron los huesos y las arterias.

Sobre la tierra quedaron marcas de que al pibe lo arrastraron para sacarlo de la escena del ataque. Algunos aseguran que fueron sus propios compañeros, aunque también se dice que fueron sus agresores para evitar un elemento de conflicto en una zona más caliente que el infierno.

"La banda del puente tiene soldaditos que operan como los glóbulos blancos en el sistema inmunológico. Cuando aparece una amenaza de infección, los glóbulos blancos la destruyen", explicó un pesquisa conocedor del paño. Los amigos de Albariño corrieron y buscaron protegerse en el destacamento policial del viejo tanque de agua ubicado en Güiraldes y Grandoli. Ahí fueron demorados.

El cuerpo de Miguel apareció tirado en la bocacalle de Spiro y Grandoli. Tenía un improvisado torniquete en una de sus piernas, señal de que alguien intentó asistirlo, pero no alcanzó para evitar que muriera desangrado.

Labios sellados. En La Tablada y en las villas Del Tanque y Manuelita es posible ser blanco de balas mortales por motivos mínimos, como una charla o una mirada. Los problemas son transferibles: si un maleante de la zona tiene una bronca con otro y éste está junto a un par de amigos, automáticamente la bronca alcanzará a los tres.

El jueves al mediodía, mientras los policías realizaban pericias en la escena del crimen del Caballo Alcaraz, una vecina dijo: "Esto no se va a terminar más. Esto le puede tocar a cualquiera".

Ayer los vecinos, descreídos y desesperanzados, se llamaron a silencio. "Los periodistas vienen y hacen preguntas. Pero nosotros nos quedamos a vivir acá. Uno de estos pibes vio que estábamos hablando con un periodista. Y yo tengo hijos", se sinceró un vecino.

Para todos. "En este barrio los pibes vienen cada vez peor. Más chiquitos son, más salvajes. Hace unos años en La Tablada las broncas las resolvían entre ellos. Y moría ahí. Hoy estos pibes pasan, ven al que le tienen bronca y disparan a todos los que están con él", explicó una doña del lugar.