Domingo 25 de Abril de 2010
En Rosario, como en vastas localidades de nuestro país, se dictan numerosos cursos de capacitación con la finalidad de abastecer a los asistentes de mayores conocimientos para progreso personal y laboral. Los contenidos teóricos establecidos en cada jornada académica motivan, a veces, la participación de los presentes sobre diversos temas de interés, lo cual fomenta el debate de ideas. Todo lo aprendido en esos cursos resulta importante, sin embargo mucha gente se desilusiona cuando ve que en las empresas donde trabaja suceden situaciones distintas, existe antagonismo entre la teoría y la práctica. Esto se percibe, por ejemplo, en el área de recursos humanos o de ventas. Se habla mucho sobre la importancia que tiene para los empleados la motivación, que entre ellos prevalezca el diálogo mientras desarrollan determinadas funciones dentro de la compañía. ¿Cuántos son los jefes de grupo, los jefes de personal, los gerentes que se preocupan porque sus subordinados estén realmente motivados, y a gusto con la compañía para la cual trabajan? Apenas un puñado. ¿Por qué a algunos vendedores de salón les dicen que no conversen demasiado entre ellos cuando están esperando que ingresen al negocio potenciales clientes? ¿Eso genera mala imagen desde afuera? Es inentendible. Quienes deciden capacitarse, profesionalizarse, aumentar sus conocimientos... apuestan a un mejoramiento de su situación en la empresa. Quieren desarrollarse, crecer; pero se encuentran con escasas posibilidades de materializar todos esos contenidos acaparados. ¿Por qué suceden estas cosas en nuestro país ? Hoy interesa solamente la rentabilidad, lo demás es secundario. Cambiar la estructura no es tarea sencilla en Argentina. La facturación mensual, anual, está haciendo que el capital humano sea poco valorado.
Marcelo Malvestitti,
marcelomalvestitti35@hotmail.com