Miércoles 19 de Septiembre de 2012
Tenía que suceder. Los increíbles índices del Indec, los famosos seis pesos del señor Moreno, la creciente inseguridad, la deuda a las provincias, las restricciones de la Afip, la inexistencia práctica de la oposición que en general vive reconociendo su ineficiencia, la siempre mal vista reforma constitucional con fines reeleccionarios y el miedo que la señora presidenta (en una de las expresiones más lamentables de su gestión) insinuó que hay que tenerle; hicieron resurgir el adormecido ruido de las cacerolas en el marco de una de las manifestaciones cívicas más importantes de los últimos años, y que tuvo un escenario compuesto por varias ciudades del país. La histórica y pacífica protesta de la gente que sólo se había manifestado antes tímida y esporádicamente, se produjo con fuerza el jueves pasado como la consecuencia de un descontento que venía gestándose en los hogares, en los cafés y en las colas hechas en distintas instituciones, ante la falta de respeto del gobierno hacia el pueblo. Creo que lo que ocurrió el jueves sin que políticos ni gremialistas puedan acreditarse mérito alguno, tenía que suceder. El descontento popular estuvo dirigido también a las administraciones provinciales y municipales. Espero que la presidenta Cristina Fernández y sus colaboradores, como asimismo la clase política nacional, tomen exacta nota de lo acontecido y decidan cambiar el rumbo de las actitudes y decisiones que desalientan a los ciudadanos, y ponen un signo de interrogación en el futuro de la Argentina.
Edgardo Urraco