Edición Impresa

Tenía 14 puñaladas un hombre al que hallaron muerto en un incendio

Fue hace doce días en una pensión. La autopsia detectó el homicidio y la policía volvió al lugar. Entonces vecinos hablaron de una pelea. Apresaron a un hombre de 31 años en una clínica psiquiátric.

Miércoles 19 de Septiembre de 2012

Luis Moreira murió el viernes 7 de septiembre pasado, de madrugada, en la habitación que alquilaba en una paupérrima pensión de avenida del Rosario al 900 bis, en el barrio El Mangrullo. El cuerpo de Moreira fue encontrado calcinado, minutos después de que los bomberos lograran sofocar el incendio que se había desatado en el cuarto que ocupaba. La víctima, un hombre de 60 años, era alcohólico y adicto al tabaco, lo que orientó la pesquisa a una muerte por accidente. Sin embargo el resultado de la autopsia que se le practicó a Moreira dio un vuelco a la investigación: fue asesinado con 15 puñaladas y su cuerpo fue quemado para ocultar huellas.

Con ese golpe de escena en la causa, que es investigada por el juez de Instrucción Juan Carlos Vienna, efectivos de la comisaría 11ª comenzaron a trabajar sobre las últimas horas de la víctima y así lograron establecer que había mantenido una áspera discusión con una familia vecina al cuarto que ocupaba en la pensión. Y que tras desatarse el incendio en la pieza de Moreira, la familia señalada había desaparecido del lugar.

Así fue que el lunes por la tarde, vigilantes de la 11ª fueron a una clínica psiquiátrica ubicada en General Paz al 5400, en barrio Saladillo, y detuvieron a un muchacho de 31 años al que acusaron de haber participado en la pelea que terminó con la vida de Moreira.

 

Frente al juez. "Yo no maté a nadie", fue lo primero que gritó Daniel Luciano F., de 31 años, cuando una brigada de la seccional 11ª lo fue a buscar a la clínica ubicada en General Paz entre Hilarion de la Quintana y avenida del Rosario. Había sido internado el miércoles último y ayer los pesquisas que trabajan en el caso trataban de determinar por orden de quién había sido ingresado. Los voceros consultados indicaron que el detenido tendría un diagnóstico de esquizofrenia, por lo cual estaría bajo medicación recetada. El muchacho tiene prontuario abierto y ayer fue indagado por el juez Vienna acusado del delito de homicidio.

Hasta el viernes 7 de septiembre pasado a las 2 de la mañana, Luis Moreira vivía en un humilde habitación de bloques construida en una planta alta de Avenida del Rosario 935 bis, a unos pocos metros del puente del frigorífico Swift, sobre el Saladillo, en el límite entre Rosario y Villa Gobernador Gálvez. Sus vecinos contaron que tenía dos hijos y que se ganaba la vida haciendo changas en albañilería y pintura con un hermano.

Frente al cuarto de Moreira vivía una mujer con sus dos hijos de 30 y 31 años, una familia que había llegado a la pensión tras residir en el barrio Municipal de Isola y Gutiérrez.

Según lo aportado por los dichos de vecinos, la noche previa al asesinato de Moreira fue áspera para los residentes de la pensión. Los hermanos puestos bajo sospecha habían estando ofreciendo a sus vecinos una olla de la línea Essen. "Vinieron a golpearme la puerta para venderme una olla por 20 pesos", relató un vecino del lugar, rompiendo el hermetismo de los demás moradores.

"Estaban buscando dinero para satisfacer sus adicciones", agregó una fuente consultada. En ese contexto Moreira y los hermanos se enfrentaron en una discusión que fue subiendo de tono y saliéndose de cauce. Luego de esa pelea, el cuarto de Moreira se incendió y los vecinos llamaron a los bomberos. Tanto los dos hermanos como la madre de ambos desaparecieron de la vecindad a partir del incidente.

Mala noche. "Esa noche fue complicado trabajar porque las llamas quemaron las instalaciones eléctricas y no había luz. Para apagar el incendio actuaron los bomberos y además llovió, con lo que la escena del crimen fue un desastre", explicó un vocero de la pesquisa.

El primer indicio de que algo más que una muerte accidental había ocurrido con Moreira fue una mancha de sangre, de grandes dimensiones, en la entrada a la escalera que lleva a los cuartos. Y alguien que muere quemado no sangra.

"Tras aplicarle los puntazos, mortales lo dejaron tirado en el piso, al costado de la cama, y con la poca ropa que tenía el hombre hicieron una especie de pira u hoguera, para que el cuerpo se quemara más rápido", relato un vocero de la causa.

Lo que cambió todo fue el resultado de la autopsia, que indicó que el cuerpo tenía 15 puntazos. "Entonces se volvió a entrevistar a testigos y vecinos. Surgió el dato de la pelea y de los protagonistas y así se llegó a la detención", indicó la fuente. Al cierre de esta edición, uno de los hermanos se mantenía prófugo.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario