"Tenemos miedo de que se escape de una clínica y regrese a este lugar"
Heros, uno de los hijos de Sabas Kontides, el hombre asesinado por Estanislao Repetto, fue una de las personas que llamó al 911 cuando la tragedia de barrio Alberdi recién asomaba.

Domingo 13 de Septiembre de 2009

Heros, uno de los hijos de Sabas Kontides, el hombre asesinado por Estanislao Repetto, fue una de las personas que llamó al 911 cuando la tragedia de barrio Alberdi recién asomaba. Su padre y su hermana menor, las otras protagonistas inocentes de esta historia de locura y muerte, yacían inconscientes muy cerca del portón que fue arrasado por el joven a bordo de su automóvil particular. Ahora que pudo sepultar a su padre en el cementerio de Ibarlucea el hombre se aferra a la favorable, aunque mínima, evolución de Viviana, quien continúa internada en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez.

"Va progresando, reaccionó a algunos estímulos, pero no puede hablar. Puede respirar sola, pero los médicos no quieren correr riesgos y prefieren seguir asistiéndola para que no se ahogue con la lengua. Por suerte el coágulo cerebral no avanzó y hay perspectiva de que se diluya. Estamos contentos porque el cuadro no se agravó. Pero hay que esperar", contó en la puerta de su casa de Marull 256.

Heros manifestó haber recibido la solidaridad de muchos vecinos y contó que hasta ayer nadie de la familia Repetto-Bearzotti se había acercado a la suya para transmitir alguna palabra de aliento. "Lo entiendo. Para ellos tampoco fue fácil de asumir lo que pasó. Pero reconozco que temo qué pasará con este chico (por Estanislao). No sabíamos que tenía problemas psiquiátricos y que lo iban a internar. ¿Qué sucederá si se escapa otra vez y vuelve por acá?", se preguntó.

Desde lejos. Sabas Kontides, que tenía 87 años, vivió toda su vida en esa casa, que comenzaron a levantar sus padres recién llegados de Grecia. "En esa época no vivía casi nadie acá. Bajando, para el lado del río, lo único que estaba era la arenera", recordó ayer su hijo. Sabas trabajó o durante muchos años como obrero gráfico matricero en diarios como La Tribuna y El País. Cuando llegó el momento de jubilarse, se concentró y se afianzó en el oficio de tapicero, actividad a la que luego se sumó Heros. "Teníamos una cordial realción entre vecinos. Al mayor (por Nicolás) lo conocí mejor porque le hice la tapicería de su lancha. Eran buenos chicos", agregó.