Jueves 22 de Noviembre de 2012
Tel Aviv/Gaza. — Una columna de humo emerge del colectivo de la línea 142 en Tel Aviv. Las ventanillas están en parte hechas trizas, las puertas traseras dañadas, el revestimiento plástico se bambolea desde el techo. Casi es un milagro que todos los ocupantes del vehículo hayan salido con vida del ataque perpetrado ayer horas antes de la ansiada tregua anunciada entre Israel y Hamas. Dos personas se encuentran heridas de gravedad y otras 19 fueron trasladadas a hospitales, pero con lesiones leves. Muchos lloraban o temblaban de cuerpo entero. La conmoción por el primer gran atentado en la viva metrópoli israelí a orillas del Mediterráneo en más de seis años se lee en el rostro de varios transeúntes. Tras los ataques con cohetes desde Gaza, ahora también los atentados con bombas.
La angustia se hizo presente. Por la ciudad resuena nuevamente el ulular de las sirenas de las ambulancias y de los vehículos de policía. Agentes nerviosos gritan a los automovilistas en los cortes de las calles. Desde el aire aturde el sonido de los helicópteros. La angustia se hace presente en numerosos israelíes.
Mientras, la reacción en la Franja de Gaza no podría ser más opuesta. En el territorio bloqueado desde hace años, bombardeado por octavo día consecutivo por la fuerza aérea israelí, estalló el júbilo. Hombres armados dispararon tiros al aire para celebrar. El movimiento radical islámico Hamas elogió el ataque, cuya autoría de momento nadie se adjudicó. Por televisión se veía cómo los habitantes celebraban repartiendo dulces a los transeúntes. Y es que la ofensiva aérea israelí, que causó 147 palestinos muertos y más de 1.000 heridos, dejó sus huellas.
El jefe de policía de Tel Aviv se refirió con expresión grave a un "atentado terrorista" y llamó a la población a estar alerta. Sin embargo, esta advertencia es prácticamente innecesaria para numerosos israelíes que ya vivieron varias oleadas de atentados suicidas palestinos. "Ahora vuelvo a viajar en taxi", apuntó con determinación una empleada.