Viernes 17 de Junio de 2011
La verdad es que ya no sé dónde pararme en el tema taxis. Que hay muchos, que no hay, que está caro, que está barato. Soy chofer, soy taxista y trato de entender de uno y otro lado cómo es el tema en sí. Lo que a medida que pasa el tiempo me queda claro es que servicio público es sinónimo de taxi. Y uno oye entonces que hacen falta 2.000 unidades más y mi pregunta es quién me garantiza que esos 2.000 no circulen por donde lo hacen los demás. Si todo fuera tan lineal (o sea más, mejor) tendríamos que tener un médico por cada enfermo (o ninguno de nosotros jamás ha tenido que esperar a un galeno por lo menos en una guardia), o un cajero para cada jubilado que, haga frío o calor, se comen unas colas infernales cada vez que quieren cobrar. De esto nadie habla, el gran problema de la gente es esperar 15 minutos un taxi. Tenemos que esperar hasta en cosas más triviales como para comer en algunos sitios, pero salimos de comer y si no se consigue un taxi es la debacle, se termino el mundo. En lo que estoy de acuerdo es en que muchos de los compañeros o propietarios no están a la altura de las circunstancias. Hay que jerarquizar la profesión pero también tendría que jerarquizarse el pasajero. Ese mismo que habla de ética y buenas costumbres, y en el momento que sube al vehículo de alquiler quiere hacer lo que quiere, desde vomitar hasta deberte plata, desde que manejes como un rayo porque esta apurado hasta comer o meterte en contramano con sólo alegar un “yo te pago”. Eso es cierto, pero no me regala el dinero. Es para que lo lleve, no para ser su chofer. Tampoco es tan saludable generalizar, hay buenos, malos, tanto choferes como pasajeros, pero es más fácil siempre mirar la paja en el ojo ajeno. Nadie puede negar que en horarios pico la demanda supera a la oferta (si fuera todo el día así los taxis serían marca Ferrari). Pretendemos como ciudadanos un transporte de Primer Mundo con tarifas del tercero, y eso en sí es inviable aquí y en la China.
Pablo Gabriel Giménez, DNI. 21.531.682