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Tata Cedrón: "Cuando un poema me gusta tiemblo"

El cuarteto Cedrón festeja esta noche sus 50 años, desde las 21, en el teatro La Comedia. El recital es gratuito, con cupos limitados, y será precedido por el Dúo Buyatti-Zavalla.

Sábado 22 de Junio de 2013

“Hay que mirar para adelante sin olvidarse de mirar para atrás, sin raíces no hay árbol, ¿te das cuenta?”. La frase es de Juan Tata Cedrón, quien junto a su grupo integrado por Miguel Praino en viola, Manuel Gómez en contrabajo y Daniel Cabrera festeja hoy sus 50 años con el Cuarteto Cedrón, desde las 21, en el teatro La Comedia (Mitre y Ricardone).

   El recital gratuito, que es con cupo limitado y será precedido por el Dúo local Buyatti-Zavalla, es una buena oportunidad para ver y escuchar a alguien que apostó al tango sin resignar la poesía de tinte social, desde Bertold Brecht y Raúl González Tuñón hasta el aire lunfardo de Carlos de la Púa y Nacho Whisky. Sin rótulos, tiene un solo común denominador: la pasión: “Cuando hay un poema que me gusta siento como un temblor, hago la canción y me enamoro”.

   —¿Qué fue lo más importante que se puso por delante cuando comenzó con el Cuarteto Cedrón en 1963?

   —En realidad yo me quería expresar, cantando y tocando la guitarra. En un momento fui casualmente a Rosario, a estudiar con Martínez Zárate y Graciela Pomponio, dos maestros extraordinarios, porque me interesaba el enfoque que ellos le daban a la guitarra clásica, ya que hacían mucha música argentina.

   —¿Su inquietud comenzó desde muy joven?

   —Sí, tenía 18 años cuando comencé a interesarme por la música de Yupanqui y el folclore de Falú. Es que tuvimos en este país muchos maestros extraordinarios, fue la época de oro del folclore, con poetas como Castilla, Jaime Dávalos. Yo a los 17 años lo vi recitar a Jaime Dávalos, y antes, a los 14, lo vi a Ramón Ayala.

   —¿Siempre se inclinó por la música de raíz popular?

   —Mire, era poética social, pero también lírica, porque lo de Yupanqui con “Recuerdos del Portezuelo” es social porque es una historia de amor, pero es popular también. A mí toda esa temática me interesaba. Yo cuando empecé a componer tuve la disyuntiva de folclore o música urbana, pero un amigo mío me dijo «nosotros somos urbanos», y yo me conocía todos los tangos de Gardel de memoria, Troilo, Pugliese, Di Sarli, era toda una época de oro también, yo nací en el 39, entonces me nutrí en mi niñez por toda esa década extraordinaria.

   —Pero después de esa disyuntiva con el folclore se volcó por el tango.

   —Y claro, es que a esa edad, me dije: «yo, de vaquitas no conozco nada y de cerros tampoco», entonces lo que conozco es la música urbana, y ahí empecé a componer. Lo que pasa es que no conocía a poetas urbanos, no conocía a Cátulo Castillo, no conocía a Cadícamo, y empecé a buscar, porque en mi generación no había poetas. Y así me recomendaron a González Tuñón, a Gelman, a Celedonio Flores.

   —Era la música de entonces pero sigue siendo la música actual y la de siempre.

   —Es que cuando se discute si tango moderno, viejo o tradicional, yo digo que lo importante es el ahora. Cuando uno toca un tango de Villoldo lo está haciendo ahora por más que sea un tango del 1900. Entonces para mí lo importante es el ahora, por eso puedo mezclar algo de Cadícamo, con Gelman. Aparte, mire, somos de una generación muy ecléctica en cuanto a la formación, porque hemos leído todo, para mí es normal leer (Bertold) Brecht y leer, que se yo, Evaristo Carriego. Hay que mirar para adelante sin olvidarse de mirar para atrás, sin raíces no hay árbol, ¿te das cuenta?

   —Aunque en lo que coinciden estos autores es que se trata de poetas con alto contenido social.

   —Está lo social, pero también “La fogata de San Juan” es social, porque la hacían los pibes, y “Eche veinte centavos en la ranura” también, o “Los ladrones”, que tiene una cosa lírica. Hay una frase que descubrí últimamente de Tuñón que es extraordinaria: “Cada cual vive como quiere”. Todo el mundo quiere vivir como quiere, y Tuñón se lo hace decir a un ladrón, esto es como ser o no ser, ¿te das cuenta?

   —¿Nunca lo sedujo componer o interpretar tangos más bailables?

   —No, no, “Malena” es triste y es para bailar, “Pasional” también es para bailar (risas). Mi hermano decía «el tango es serio, y está la música seria y la música no seria, pero cuando Ruggiero toca el bandoneón con Pugliese no se ríe, ellos tocan”. Yo también terminé con eso de que es tango o no es tango. En los discos, por ejemplo, llegué a nombrar a “Eche veinte centavos en la ranura” y no puse nada; o “Los ladrones”. No digo si es tango, milonga, vals, nada, es una canción. Ahora, cuando hice “Palabras sin importancia”, sobre un poema de Homero Manzi, me salió un tangazo y no le puse tangazo, le puse tango, ¿entendés? Hay que tener un poco de humor y no ser tan solemne.

   — ¿La idea sería que de una vez por todas se acaben los rótulos en la música?

   —Lógico, te conmueve o no te conmueve, uno tiene que estar conmovido con la música que hace y eso conmueve a la gente. Ahora, cómo está dirigida, cómo está manipulada, promocionada, qué pasa con la gente y toda la cosa económica es otra historia.

   —¿Usted es nostálgico en el momento de componer?

   —No tengo ese pensamiento, cuando hay una cosa tristonga o nostálgica va, pero en general nosotros somos muy festivos aunque estemos tocando cosas duras, ¿te das cuenta?, es una especie de energía de festividad, que se yo, podés hacer una comida recontra picante, un volcán mexicano, que te va a quemar la lengua y lo hacés con humor, es una filosofía que la estoy inventando ahora. Es como Pavarotti, que cantaba un tema terrible y lo terminaba con una sonrisa. Yo no soy Pavarotti ni nada por el estilo, pero cuando terminamos de tocar con el Cuarteto y el tema sale bien estamos felices, por más que el tema sea desgarrador. Tuñón dice que la tristeza es una forma sutil de la alegría. ¿Qué tal?

   —Lo que le surge tiene que ver con su instinto, entonces.

   —Soy más intuitivo, soy espontáneo, te agarra como un temblor, hay un poema que me gusta y es como que tiemblo, empiezo a hacer una cosa y no pienso en nada, me doy cuenta que me está gustando y lo canto, lo canto, lo canto y tingui tingui tingui tingui, hago la canción y me enamoro.

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