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Tarea escolar

−Abuelo ¿cuando ibas a la escuela te daban tareas?

Miércoles 10 de Septiembre de 2014

−Abuelo ¿cuando ibas a la escuela te daban tareas?

−Y… sí. En la primaria se llamaban deberes y en la secundaria, trabajos prácticos.

−Para mañana tengo como tarea llevar un trabajo sobre ética pública, pero referido a algún caso real. ¿Me ayudás?

−La consigna no es fácil; en estos tiempos no abundan casos ejemplares…A ver… Sí, me viene a la memoria el caso real de un vicepresidente de la República Argentina.

−¿De un vicepresidente?

−Sí. ¿Por qué tu asombro? Con más tiempo te habré de contar innumerables ejemplos de hombres y de mujeres que hicieron de la ética pública una irrenunciable consigna de vida. Pero, ahora, vayamos a tu tarea. Usemos un grabador y luego, deberás hacer una síntesis del relato y tu propia conclusión.

−De acuerdo, abuelo.

−Un abogado se entregó totalmente a la política porque creía que mediante ella podría servir mejor a la patria, que desde el ejercicio de su profesión. Tenía una firme vocación, casi evangélica, que la política era eso, "servir" y no "servirse", la tomaba como una herramienta para la promoción del bien común. Se consideraba un trabajador más, pero con diferentes herramientas.

Elegido por el pueblo fue diputado nacional y vicepresidente de la Nación.

Nombrado por el presidente Hipólito Yrigoyen, en su primera presidencia, ministro de Guerra entre 1916 y 1918 y jefe de policía de la Ciudad de Buenos Aires entre 1918 y 1921. En la segunda presidencia de Yrigoyen, fue ministro del Interior, habiendo sido destituido por el golpe militar del 6 de septiembre de 1930 y encarcelado durante dos años.

Y entre 1922 y 1928 fue vicepresidente de la Nación, cuando Marcelo T. de Alvear accedió a la Presidencia.

Después de todos estos años de haberse desempeñado con honor y austeridad en tantos cargos públicos, se retiró de la política. Solo unos pocos amigos sabían de él, de qué vivía, dónde vivía.

Sabían, sus pocos amigos, que se ganaba la vida con una valija, no cargada de dólares sino, cargada de betunes, pomadas, anilinas y otras menudencias, que todos los días salía a vender por calles y negocios, llegado el caso, caminando o viajando en tranvía, subte o colectivo.

Se cuenta que un diputado de la Nación al enterarse de la situación de este ex vicepresidente, impulsó en el Congreso el otorgamiento de una jubilación o pensión para este honorable anciano. Más, este anciano era honorable de verdad y rechazó la percepción de una jubilación, porque entendía que los servicios que una persona brinda a su país, no merecen gratificaciones dinerarias; solamente, decía, se deben percibir haberes o dietas cuando efectivamente se trabaja en un cargo, y porque mientras él pudiera trabajar particularmente, no precisaba limosna.

Se llamaba Elpidio Gonzalez, rosarino de nacimiento, argentino venerable, cristiano testimonial, dejó impreso en su testamento espiritual, pues ningún otro bien poseía, lo siguiente: "Pido ser enterrado con toda modestia como corresponde a mi carácter de católico, como hijo del seráfico San Francisco, a cuya Tercera Orden pertenezco, suplico con amor de Dios, la limosna del hábito franciscano como mortaja y la plegaria de todos mis hermanos en perdón de mis pecados y el sufragio de mi alma".

−Abuelo, ¡qué linda historia! Pero ni en mi libro de historia ni en el de sociales figura lo que me has contado.

−Debés entender que no toda la historia real siempre se puede encontrar en los libros. También hay que buscar en la tradición oral, en el testimonio de quienes fueron parte de la historia, en los relatos que van de padres a hijos, de abuelos a nietos.

−Gracias abuelo.

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