Policiales

Tablada: vecinos cierran con llave pasillos para evitar robos y balaceras

Un sector del barrio formó una asociación civil que dicta talleres y gestiona un comedor. También abordan problemas de segurida

Lunes 14 de Diciembre de 2020

En Garay y Berutti, en un descampado que por muchos años fue un basural y un baldío, funciona la asociación civil “Tablada Más Unida”. Los proyectos no surgen de la nada y la unión vecinal tampoco. En 2018, otro año difícil para Tablada, se reunieron unos cuantos vecinos que viven hace muchos años en el barrio y se plantearon abordar problemas de marginación y de seguridad urbana. Dos años después y mediante el diálogo constante y el debate entre pares lograron reducir las soluciones violentas para los problemas, instalar portones de ingreso en antiguos pasillos anchos por donde pasaban las vías del ferrocarril y e incluso lograron que una casa que podría haber sido destinada a fines delictivos hoy permanezca clausurada. Cada uno de los avances fue lento y trabajoso y se reforzó con largos días de charlas y negociaciones.

Claudio Andrade, el presidente de la asociación, nació y vive en el barrio “desde siempre”. En Tablada también viven su madre, sus hermanos y amigos. Recuerda que hace “más de treinta años” su padre hizo un video sobre el barrio y que su familia “siempre participó de la vida del lugar”.

“En la asociación nos preocupamos mucho por los chicos del barrio. Pusimos un comedor y damos de comer a más de 90 familias, unas 450 raciones”, cuenta este hombre robusto que, como buen vecino, conoce “a todos”. Además dan cursos de capacitación de oficios a los que asisten más de 100 adolescentes y hacen talleres de porcelana fría, huerta y panificación. Los vecinos se integran al comité de género y diversidad sexual y el de mujeres en vulnerabilidad social. Los sustentos con que cuentan son subsidios estatales y aportes. También, más de una vez, ponen algún dinero de su bolsillo.

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El problema

Pese a estar muy avanzados en lo social lo social el eterno problema de la zona es la seguridad. Es una tarde lluviosa y el titular de “Tablada más Unida” está sentado en una mesa larga junto a su hermanos y vecinos. Es una casa de un pasillo, humilde, de “gente de trabajo” como ellos se definen.

En Tablada a menudo los conflictos se resuelven de dos o tres maneras: se comienza con una mala mirada; una amenaza y luego los tiros. “Hay de todo en el barrio”, comenta Julio, otro vecino que vive allí desde hace 50 años y recuerda cada calle, cada manzana, cada geografía de los baldíos y los asentamientos.

“Todos nos conocemos en el barrio y con varios de los pibes que tienen problemas con la policía nos criamos jugando a la pelota. Uno de los pasillo desemboca en el puente de Ayolas y siempre teníamos conflictos. O pasaba una moto a toda velocidad, o se tiroteaban entre dos o tres personas adentro del pasillo o algunos robaban en una cuadra, se metían al pasillo y salían por la otra. Como fuera, los vecinos estábamos en continuo peligro”, cuenta Claudio.

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“Siempre estábamos con miedo. Entonces hace unos tres meses nos pusimos a pensar cómo evitar estos problemas. En unos pasillos de Deán Funes y Esmeralda ya habían puesto un portón y en otro de los tres de esta cuadra también y nosotros nos planteamos hacerlo también”, cuentan.

Usurpaciones y extorsiones

En la última cuadra del bis de Dean Funes hay tres pasillos. La calle termina con una escalera irregular hecha por los vecinos que viven debajo, en un asentamiento ubicado de frente al acceso sur. Otro pasillo desemboca en el viejo puente del bajo Ayolas y contacta esa vecindad con otro asentamiento que se encuentra detrás del antiguo paso ferroviario.

En la zona el tema de usurpación de viviendas y la extorsión no asombra a ningún vecino. “Mi hija vivía a acá a tres cuadras y mi yerno trabaja en el puerto. Cuando por un dinero que cobró pudo cambiar su auto alguien se acercó a su casa y le pidió dinero y drogas, porque pensó que él estaba en eso. Es un muchacho que trabajó siempre, entonces les explicó a los que se acercaron a apretarlo que él no tenía ni plata ni drogas. Pero finalmente tuvo que vender esa casa por que lo volvieron loco”, cuenta una de las vecinas como una olvidable experiencia familiar.

En uno de los pasillos tuvieron una situación parecida, aunque por otras razones. Por un problema barrial de una mujer los vecinos pudieron lograr que una casa que estaba en conflicto finalmente no se usurpe. En el barrio sostienen que esta vecina tuvo un mal entendido con gente del barrio, al parecer pidió un dinero y no pudo devolverlo. Esta mujer cambió su casa original y se mudó a otra más pequeña de uno de los pasillos.

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Pero las amenazas continuaron. Entonces esta mujer iba a vender su casa a la asociación civil que la quería como depósito para las provisiones del comedor y para guardar elementos de los talleres. Como otra gente del barrio también pretendía esa propiedad y los vecinos no sabían para qué, finalmente se reunieron con quienes querían comprar la casa en cuestión y luego de una serie de charlas se logró que la casa no se ocupara. “Es que son gente del barrio y acá nos conocemos todos. A partir de ese momento nos quedamos todos más tranquilos. Por ahora la casa está vacía y sabemos que quien la ocupe será un vecino más para todos”.

Las puertas

En lo que hace al pasillo que desemboca en el puente y tiene un portón de entrada y otro de salida, los vecinos tiene una política ya decidida en asamblea. “Los portones se abren a las 7 y se cierran a las 21. Si un vecino que no vive en el pasillo necesita una llave para pasar e ir a trabajar fuera de ese horario se la damos. Pagga por única vez la copia de la cerradura y pude pasar, pero si se la llega a dar a otro se la retiramos. Los vecinos ahora están más seguros. Los que trabajan, que son varios, pasan sin problemas y los que andan en cosas raras saben que por acá no se pasa”, aseguraron.

No es una experiencia extraña, en otros barrios ya lo están haciendo. Los vecinos saben, sin que nadie se los repita, que tal vez “hablando la gente se entiende”.

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