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Tablada sigue de fiesta

Nada cambió. Y es un muy buen síntoma. Una continuidad de alegría traída de la mano de un juego compacto. Como si ya fuera una costumbre jugar un partido y ganarlo. Este Central Córdoba que se presentó en la recuperada Primera B lo hizo de la mejor manera ante un rival que, por nombre, era de temer.

Lunes 06 de Agosto de 2012

Nada cambió. Y es un muy buen síntoma. Una continuidad de alegría traída de la mano de un juego compacto. Como si ya fuera una costumbre jugar un partido y ganarlo. Este Central Córdoba que se presentó en la recuperada Primera B lo hizo de la mejor manera ante un rival que, por nombre, era de temer. Y lo goleó. Un 3 a 0 que no dejó ninguna duda porque el charrúa enterró a Chacarita más allá de los números.

Desde el juego. En la actitud. En el oportunismo. En la convicción. En la constancia de jugar de principio a fin sintiendo que en el Gabino Sosa debe marcar la diferencia en un torneo que será muy difícil, aunque el arranque resultó demasiado sencillo.

Las evidencias quedaron manifiestas en la serenidad de Vaquero y los suyos. En el desconcierto de los jugadores visitantes, al punto que dos de ellos fueron expulsados, pero sobre todo en el descontrol de su DT Pasini, que no quedó haciendo piruetas al borde del colapso como en el increíble descenso reciente del que Chacarita no se recuperó, sino que hirvió en la pelea alambrado mediante con diez charrúas que se entretuvieron en el mano a mano verbal.

Claro, todo esto fue posible porque el equipo de Tablada se puso en ventaja a los 15'. Porque notó que del otro lado de la cancha no aparecían respuestas. También debido a que el segundo grito llegó a cinco minutos del cierre de la primera mitad. Gracias a que nada cambió tras el descanso, porque Chaca volvió peor y quedó con diez. Ni hablar cuando otra roja sacó de la cancha a otro funebrero. Porque la actitud de los azules, vestidos de blanco, fue ir por más hasta el 3 a 0 inolvidable.

El alargue del buen momento que vivió el charrúa con el ascenso se evidenció en el tiro libre desde el costado que ejecutó De Bruno y cabeceó en el primer palo Nahuel Rodríguez para que la pelota llegara a la red.

En esa viveza y oportunismo de un goleador como Martín Salinas, que leyó que el remate rasante de Mustachi a los 41' iba a ser rechazado a medias por el arquero, al que primereó para empujarla al fondo del arco y determinar que ya había un ganador del partido por más que quedara otro tiempo por jugarse.

Córdoba sólo debía procurar que nada cambiara desde el reinicio y cuando a los 47' Leguizamón se quedó con un cabezazo de Lentini ya no hubo vuelta atrás. Encima, Monsalvo le pegó feo a Mustachi y vio la roja directa (61'). El ingresado Espíndola duró poco porque se salvó al darle un codazo a Salinas (63'), pero no cuando bajó a Dening (71').

Once contra nueve era demasiada ventaja para el local y como los rivales ya no daban temor sólo quedaba ir por más, como lo hizo el equipo de Vaquero. Entraron tres rapiditos para buscar el tercer gol. Taborda se lo cedió a Mustachi pero rechazó Tauber y De Bruno tampoco pudo con el arquero (76'). El uno también se quedó con una chance de Taborda (78'). Pero en la siguiente (85') volvió a sacudirse la red. Contra entre Dening y Mologni, quien se abrió por derecha rematando al palo izquierdo, que le devolvió la pelota a Dening para que la pusiera junto al otro poste.

Enterrado el funebrero, estalló otra vez el banco visitante, se paró dos minutos el juego, se reanudó y terminó al toque. Para qué más. Era suficiente. Era buenísimo. Un 3-0 clarísimo ante un candidato teórico. Pero a no confundirse. El camino es el que ayer transitó el equipo.

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