Martes 17 de Marzo de 2009
El mar y el cielo. Nada más. Una soledad ilimitada. El país del nunca jamás, la playa sin
huellas humanas, el sol radiante como la mirada de una mujer que no vendrá. Bajo el viento
indiferente el fuego que aún esconde el corazón, rebelde sin remedio. El mar y el cielo. Ventana
abierta sobre la azul desolación, la hija adolescente que duerme sin temores, rubia cabeza sobre la
almohada blanca. Mate espumoso y silencioso en la mañana de tristes altitudes, paisaje que no trae
ningún recuerdo y lava el alma como lejía. Cada tibieza confinada en el pasado. La incredulidad de
estar, simplemente, solo sobre la tierra. Y de que no haya voz alguna que nos diga: esta es la
razón, este el camino. El mundo no sabe del amor aunque el amor se haya entregado por el mundo. Mar
y cielo, cielo y mar. Los años, esas olas que se llevan todo.