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Sugestivo pedido de dinero horas antes de una evasión increíble de la Jefatura

Un testigo reveló que la mujer de Juan Domingo Ramírez le requirió plata poco después de que capturaron a su esposo, quien pasó 9 horas preso.

Sábado 18 de Enero de 2014

Siete horas antes de que Juan Domingo Ramírez protagonizara una increíble fuga de una oficina de la Jefatura su esposa visitó a un comerciante de una ciudad vecina a Rosario a la medianoche, le dijo que tenía una súbita necesidad de dinero y le imploró que la sacara del apuro. Para ese momento hacía dos horas que este hombre de 39 años, señalado como sicario y encargado de búnkers de la Banda de Los Monos, había sido detenido en el barrio de la Carne, lo que daba cumplimiento a una captura requerida hacía siete meses. Ramírez estuvo preso durante nueve horas. A las 6.40 se soltó de las esposas que lo ataban al barrote de una escalera en la División Judicial de la Unidad Regional II y escapó de la sede de la policía de Rosario sin que nadie lo detectara.

El testimonio fue tomado en una oficina policial y será adjuntado a la causa por facilitamiento culposo de evasión que tramita el juez correccional Héctor Núñez Cartelle. La urgencia en conseguir plata que tenía Celeste L. poco después de que apresaran a su marido abre una veta nueva en la causa de una fuga que, para los investigadores en Tribunales, tiene elementos muy extraños para ser nada más que el producto de un descuido accidental.

Ramírez tenía captura recomendada por el homicidio de Luciano Cáceres, un chico de 16 años al que mataron de un tiro en la cara frente a un búnker de zona sur, y por ser abastecedor de drogas y administrador del dinero de quioscos de estupefacientes en la zona sur para la familia Cantero. El martes a la noche fue capturado en la casa de su padre en Roma 675 bis del barrio de la carne. Los policías que lo atraparon eran cinco y lo llevaron a la sede de la División Judicial para que a la mañana siguiente, tras el trámite judicial, fuera derivado al lugar de encierro que decidiera el juez.

El barrote. Quedó sentado en la oficina de la División Judicial de frente a una escalera de hierro que conduce a un entrepiso, amarrado a un barrote que quedaba en medio de sus dos brazos esposados, lo que le daba mínimo margen de movimiento. Lo custodiaba el sargento Rubén Z. y en la oficina estaba Luciana O como oficial de guardia. En determinado momento, según el acta policial, la oficial de guardia se dirigió al baño. Ramírez entonces, de acuerdo al testimonio de los policías, se liberó de las esposas, le asestó una trompada a Rubén Z. y escapó al exterior.

El fiscal Enrique Paz estuvo ayer recorriendo el lugar de la fuga en la Jefatura y requirió varias medidas. Le pareció sugestivo que nadie hubiera visto salir en los puestos de guardia de Ovidio Lagos y de Francia al fugitivo. Pidió identificar a los vehículos que estaban por Francia esperando el trámite de revisión policial. Si el prófugo, que pesa cien kilos, hubiera saltado el muro de la Jefatura, algo poco probable por su envergadura, su convicción es que alguien del lado de adentro debería haberlo visto.

También pidió que el médico forense examinara el hematoma que al custodio le quedó en la cara.

Esposas. La pericia preliminar sobre las esposas que quedaron tiradas en el piso de la oficina detectan, según fuentes judiciales, una falla en el mecanismo del cerrojo. Eso favorece la presunción de un accidente y dificulta la idea de un facilitamiento.

"Eso es muy difícil de creer", señaló ayer a este diario un policía experimentado. "Esposado a esa reja estuvieron tipos muy pesados como Guille Cantero, Leandro Vilches y Angel Pibu Villa, que son de la misma banda. Todos fueron presentados al juez al día siguiente de ser detenidos sin ningún problema. Al colocarle las esposas a un preso tan importante se verifica que los grillos queden firmes. Eso se hizo y así fue. A Ramírez se le hizo quitar la ropa para descartar que tuviera algo para manipular las esposas. Y encima no tenía nada", indicó.

Aunque de difícil verificación, el hecho de que la mujer de Ramírez hubiera salido a pedir dinero a poco de que cayera preso su esposo y a altas horas de la noche hizo explotar las suspicacias fuera de Jefatura. Pero también adentro.

"Los policías que lo fueron a detener cuentan que al verse sin salida Ramírez les dijo: «Muchachos estuve nueve años en Coronda y no quiero más. Pidan lo que quieran. Tengo una casa en La Florida, un C4 nuevo y motos. Traigan un boleto y firmo a nombre de quien ustedes digan. Si necesitan plata denme más tiempo pero no es problema»", dijo un policía. "Si a los de la brigada que los detuvo los convocan a declarar no tendrán problemas en contar esto. Ramírez buscó sobornarlos desde el primer momento. Sería bueno saber si lo que no pudo con ellos lo terminó haciendo con alguien más", añadió.

Los dos policías que estaban en la oficina prestaron declaración informativa ante el juez Núñez Cartelle por facilitamiento culposo de evasión. El sargento Rubén Z. dijo que cuando Ramírez lo golpeó perdió el conocimiento un instante y cuando se incorporó del piso el preso ya se había escabullido.

"Todo puede haber pasado pero es muy raro que las esposas hayan quedado en el lugar. El mecanismo de cerrojo alguna vez puede fallar, pero cuando eso pasa se suelta la esposa de una muñeca, pero muy raramente de las dos", añadió el policía.

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