Miércoles 29 de Abril de 2009
Antonio Caro, el padre del policía baleado, aguardaba novedades en el sanatorio Laprida sobre el estado de salud de su hijo. En la vereda del centro médico y rodeado de familiares y amigos, el hombre rememoró la breve secuencia que puso al suboficial de la Patrulla Urbana al borde la muerte.
"Al principio creí que era una joda", contó Antonio. "Yo vi a tres, dos de ellos con armas de fuego. Nos hicieron tirar a todos al piso. En algún momento habrán visto el arma de mi hijo porque uno de los tipos le gritó a otro «traé el fierro, traé el fierro» y ahí nomás se escucharon como cinco tiros. Yo no pude ver nada por la posición en que quedé en el piso, pero es probable que haya intervenido y que haya disparado en algún momento", recordó.
Antonio habló con La Capital en un tono sereno. "Creo que las primeras palabras que dijo cuando era chiquito era que quería ser policía. Esa es su vocación", contó ayer a la tarde en la vereda del centro médico. Leonardo llevada poco más de dos años como suboficial, había realizado el curso correspondiente en la Escuela de Cadetes de Alem e Ituzaingó. Antes de ingresar a la Patrulla Urbana trabajó como personal de calle en la seccional 1ª.
Leonardo y sus padres viven en el barrio Cabín 9, en Pérez. El policía baleado ayer es el menor de cinco hermanos. Varios familiares, entre ellos dos tíos, dos primos y un cuñado, también pasaron o actualmente trabajan por las filas de la policía provincial.
"Siempre fue un alumno muy aplicado, nunca se llevó una materia en la escuela San Juan Baustista de barrio Godoy. Hace un tiempo sufrí un infarto y me tuvieron que internar en el Centenario. En esa época estudiaba para policía y se traía los libros al hospital. Mientras me cuidaba aprovechaba para leer" , sostuvo Antonio.