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Sostienen que “a Julio López lo desaparecieron para intentar frenar los juicios”

Pertot y Rosende hablan de “Los días sin López. El testigo desaparecido en democracia”, un libro en el que se describen el nefasto accionar de la Policía Bonaerense en la investigación.

Domingo 21 de Septiembre de 2014

Werner Pertot y Luciana Rosende son autores de “Los días sin López. El testigo desaparecido en democracia”, un libro en el que se describen el nefasto accionar de la Policía Bonaerense en la investigación, la actitud del poder político y la posibilidad, si hubiera decisión de hacerlo, de esclarecer la desaparición de Jorge Julio López, quien fue visto por última vez el 18 de septiembre de 2006.

   Pertot, en diálogo con La Capital, destacó que hay tres pistas que podrían desarrollarse: el entorno de Miguel Etchecolatz (el ex policía contra el que declaró López), otros ex represores mencionados en el testimonio pero que aún no habían sido acusados y efectivos del Servicio Penitenciario Bonaerense.

   Para los autores, que presentaron su trabajo en el Museo de la Memoria de Rosario, el caso López buscó frenar el incipiente proceso de juicios a represores. También revelan que el entonces presidente Néstor Kirchner pensaba que un golpe a los juicios sería el primer paso de una escalada que terminaría con su gobierno, y hacía la comparación con lo que le ocurrió a Raúl Alfonsín luego de la asonada carapintada de Semana Santa de 1987. Por eso —explican— el ex mandatario decidió profundizar el proceso de enjuiciamiento, aunque a la vez —cuestionan— no hubo la misma presión para hallar a los secuestradores de López.

   —¿Con qué panorama se encontraron al acceder al expediente?

   —Lo que tratamos de hacer es, como periodistas, jerarquizar las distintas pistas en la causa. Hay algunas que son totalmente disparatadas, que surgen de videntes, entre otras fuentes, a las que la Policía Bonaerense les dio mucho lugar durante el año y medio que estuvo a cargo de la investigación, que desviaban la pesquisa y que son claramente falsas. En cambio, encontramos otras pistas que fueron menos tratadas y que tienen mucha más seriedad. Estas pistas no vinieron de la Bonaerense sino del empuje de los organismos que son querellantes en la causa.

   —¿Cuáles son esas pistas?

   —Se pueden resumir en tres grandes líneas, y me interesa remarcar esto porque muchas veces se dice que en la causa López no hay nada y que no se sabe nada, pero cuando uno se pone a relevar el expediente, hay mucho para seguir investigando. La primera tiene que ver con el entorno de Etchecolatz, sus familiares, más concretamente su esposa, que el día de la desaparición de López tiene contactos muy llamativos. La segunda línea tiene que ver con los policías que López mencionó en su testimonio, que no son exactamente los mismos del entorno de Etchecolatz, sino que son policías que integraron el circuito represivo Camps. La tercera se vincula al Servicio Penitenciario Bonaerense: hay un grupo de represores que estaban presos en ese momento y que tenían el mismo interés que Etchecolatz y el resto. Hay que recordar que el juicio a Etchecolatz, donde López fue querellante, fue el primero que se abrió tras la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final. Fue la punta de lanza de todos los juicios que se realizaron en el país, por lo tanto la desaparición de López la podemos pensar como un intento de frenar todo ese proceso de juzgamiento. Esas tres líneas además tienen relaciones entre sí: si uno empieza a mirar hay personas de una línea que se conectan con las de otra, y si se seguía avanzando quizás se podría haber llegado al grupo que hizo el secuestro.

   —¿Por qué no se ha llegado a esclarecer el caso, hubo encubrimientos?

   —A la Bonaerense la apartaron de la causa y lo que dijo la Cámara es que hubo “negligencia manifiesta”. Yo no sé si hubo encubrimiento, pero en los hechos la Bonaerense hizo de todo para que no se avance. El hecho de que haya quedado durante el año y medio a cargo de la causa la misma policía que lo secuestró a López en el 76 puede explicar bastante por qué la causa no avanzó prácticamente nada. Todos te dicen que hay rastros y pistas que hay que tomarlos en las primeras 48 horas, pero durante los primeros tres meses nadie investigó a los represores, que son los primeros sospechosos. Lo primero que hizo la policía fue investigar a la familia y a los organismos de derechos humanos, con medidas de inteligencia a todos menos a los represores. Todo lo que se hizo después fue tratar de reconstruir ese desastre que dejó la Bonaerense.

   —¿Cuál fue la actitud del poder político en aquel momento?

   —Lo que pudimos ver ahí es una respuesta a partir de un segundo hecho que fue la desaparición (temporal, en diciembre de 2006, del testigo Luis) Gerez. Néstor Kirchner en ese momento se plantea que a López lo habían matado y que esto era un intento por frenar los juicios, y que si él daba marcha atrás en ellos después iban a venir por todo su gobierno. Y hacía una suerte de paralelo con Raúl Alfonsín. Ese fue el trasfondo de la segunda cadena nacional de Kirchner. La primera había sido al comienzo de su gobierno anunciando el juicio político a la Corte menemista y la segunda fue con el caso Gerez, donde dice que manos anónimas lo secuestraron a López. Reconoce en cadena nacional que hubo un secuestro.

   —¿Kirchner creía que venían por su gobierno?

   —El decía: “Si doy marcha atrás con los juicios, después vienen por la economía y mi gobierno”. Entonces “hay que hacer todo lo contrario: avanzar al doble de velocidad para que estos tipos vean que esta estrategia de secuestrar testigos no les va a funcionar”. Ese es el relato que nos hacen quienes estaban cerca de Kirchner en ese momento.

   —Sin embargo, la causa López nunca dio un vuelco.

   —Finalmente se avanzó con el juzgamiento de los represores, pero a la vez me parece que no hubo el mismo impulso ni la misma presión por parte del poder político para que se avanzara en la causa López y encontrar a los responsables. Y eso a mí me cuesta entenderlo.

   —¿Creen que los victimarios buscaron amedrentar a los testigos o pudo haber sido una venganza personal?

   —Una amenaza no sólo a los testigos sino a toda la sociedad, y me parece que hay algunos elementos que apuntan a que no fue sólo una simple venganza. Hay que recordar que inmediatamente después de la desaparición de López empezaron a llegarles cartas de amenazas a todos los testigos y jueces que tenían causas por delitos de lesa humanidad en todo el país, y se ven todo tipo de acciones de amedrentamiento. Un mes después hubo un acto en la plaza San Martín donde grupos de personas piden una amnistía. Circulaba un mail del ex infante de marina Jorge Boynak que se lo envía a la esposa de Etchecolatz el mismo día de la desaparición de López. Allí se hablaba de que López mentía en su declaración, y esta es una versión que trataron de instalar muy fuerte los represores y todas las páginas web y sitios cercanos que reprodujeron esto en una campaña de difamación a López a la par de su desaparición física.

   —¿De esos contactos, qué hipótesis surgen?

   —La hipótesis central es que esa mañana lo citaron a una reunión. Es concordante en varios testigos que lo vieron caminando por el barrio a la hora en que ya tendría que haber ido a Tribunales. Suponemos que con esa reunión lo que querían era que se desdijera de su testimonio, que manifestara que había mentido, y así le generara un golpe al juicio a Etchecolatz, más en términos políticos que jurídicos. Suena que en el entorno de Etchecolatz lo que querían, además de una venganza, era atentar contra los juicios.

   —¿Cuál es la situación actual del expediente?

   —Está bastante parado. Desde que el juez Manuel Blanco lo tomó no hubo más avances. Ahora está en manos del juez subrogante (por la muerte de Blanco) Adolfo Ziulo, que delegó en el fiscal Marcelo Molina seguir la investigación.

   —¿Más allá de la persona de López, de qué habla este caso?

   —Habla de qué respuesta social vamos a tener ante una cosa así. Me parece que hay algunas cuestiones de las desapariciones en la dictadura que se repitieron en el caso de López: eso de pensar que podía estar bien en algún lugar, alguno que intentó ensuciar a la víctima para hacerlo responsable de su propia desaparición, una especie de revival del “por algo será”. Y por otro lado hay un gran sector de la sociedad que reclamó que se avance con la investigación, y yo apunto a que ese sector sea cada vez más grande. Este caso no puede ser que no se resuelva nunca porque la verdad es que la gran victoria de los desaparecedores de López sería que la sociedad se olvide de él.

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