Viernes 20 de Septiembre de 2013
Con mucha sorpresa y alegría leo que se le realizó a un niño de muy pocos días de vida un trasplante de hígado. Y me duele la indiferencia, porque es la primera vez que se realiza algo tan importante en nuestra ciudad y en un sanatorio de niños reconocido por los rosarinos y no tuvo la misma promoción en un medio de Buenos Aires. Muchas horas, desde la mañana a la noche, en distintos programas vemos las enseñanzas que difunden todos los medios con respecto a los famosos, que se separan, que se besan, que se engañan y yo pregunto: ¿cuál es la enseñanza, amigos? En este trasplante más de 100 personas intervinieron, que también son famosas dentro de su órbita, pero pasan al anonimato a pesar de haber dejado horas de estar junto a sus hijos, seres queridos, abandonado sueños para poder contribuir con algo tan noble como es la medicina. ¿Qué nos pasa en este tiempo que no alcanzamos a diferenciar la bobada de lo importante? ¿Qué nos pasa que no damos valor a nuestros profesionales por sus sacrificios, de haber abandonado sus vidas privadas para brindar sus conocimientos y emplearlos para el bien de sus pacientes? ¿Cómo puede ser que no nos demos cuenta de que han perdido horas de sus vidas, sus deseos, que han quemado sus pestañas en estudiar, en asistir a congresos? ¿Cómo este gran logro no es valorizado si mañana podemos ser nosotros o alguno de nuestros seres queridos el que esté tras ese vidrio, como la mamá de Samuel, el niño trasplantado?
Martha Chimento