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Sorpresa, tensión y alivio ante la llegada de gendarmes a los barrios de Rosario

Jueves 10 de Abril de 2014

El sonido de las hélices de cinco helicópteros irrumpió en una zona caliente, a pocas cuadras del ingreso a Rosario desde Capital Federal. Por primera vez en un año, los vecinos de Oroño y Doctor Riva ya no verían a dos hombres con ametralladoras en el techo de una tapera donde se vendía droga: uno de los búnkers allanados en el tremendo operativo nacional antinarco que desembarcó en la ciudad.

Eran las 15.30. Camionetas y utilitarios de Gendarmería, con decenas de efectivos, bloqueron la esquina de Madre Cabrini y Alvear. Sigilosos, algunos habitantes de la zona contaron que ahí viven tres familias dedicadas al tráfico de estupefacientes. Un secreto a voces en el lugar. Finalmente, en el sudoeste, los uniformados federales lograron atrapar a la vendedora travesti de bochas de cocaína en el momento en que intentaba escapar por un hueco en el fondo de la precaria construcción de un pasillo villero.

Estas son sólo tres de las historias que se esparcieron en cada sitio donde desembarcó ayer el operativo comandado por el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni. Una acción tan imponente como los negocios narco que hay en Rosario.

Ametralladoras

Cuando La Capital llegó a Oroño al 4000, los vecinos no querían perderse ningún detalle de lo que sucedía, pero pocos se animaban a hablar en ese ámbito violento e inseguro, donde la venta de droga está a la orden del día. "Me sorprendí con los perros y los helicópteros que sobrevolaban", dijo una vecina. Alrededor de 20 gendarmes permanecían afuera custodiando que nadie pasara el cordón humano que formaban. Casi al mismo tiempo, otros salían del búnker allanado: una casa semiderruida, pero fortificada para el expendio de estupefacientes. "Todos los días viene gente en vehículos, como autos Mercedes Benz, y se paran enfrente", contó una mujer que inventó un nombre para evitar cualquier identificación por temor: "Ponele Carmen", sostuvo.

Hace una semana esa misma persona fue atacada por cuatro jóvenes armados cuando descendía de un taxi. "Estaban falopeados", dijo. La misma testigo del histórico procedimiento nacional esperaba ahora que "algo" cambiara.

Lavado de dinero

El reloj marcaba las 19, empezaba a oscurecer y las noticias que se oían en la radio del auto donde viajaba este diario hablaban de una "ocupación del territorio" por fuerzas del gobierno central. La Capital llegaba a Madre Cabrini 2350: una casa con un portón negro (con tanto hierro como la puerta de una cárcel) donde supuestamente hay un taller mecánico. Sus moradores, en tanto, permanecían adentro respondiendo preguntas mientras se confeccionaban las actuaciones. Afuera, los vecinos no se animaban a contestar a este diario; una vez más por temor.

Pero algunos minutos después, largaban ciertas palabras. "Esto no es un búnker", dijo un hombre. Su esposa, soltó la lengua: "Ahí viven tres familias con chicos; en total nueve personas desde hace unos cuatro años. Pero no labura nadie y en el último tiempo construyeron esta casa. Es muy raro".

La mujer siguió narrando lo que, en definitiva, quería que se supiera: "Gendarmería me dijo que esto es lavado de dinero". La escena estaba marcada por una mezcla de tensión, sorpresa y curiosidad. Trascartón, los gendarmes se mantuvieron imperturbables ante la consulta periodística.

La travesti soldadito

No obstante, algunos voceros que cumplieron el oficio judicial que traían desde Buenos Aires se mostraron más permeables en otro sector de la movilizada geografía rosarina. Frente a la estación de servicio de 27 de Febrero y Circunvalación, a pocas cuadras del estigmatizado barrio Santa Lucía, una vez más las calles mostraban una saturación de fuerzas federales.

Allí irrumpieron cerca de las 16. El lugar, claramente empobrecido, se iluminaba por el resplandor de los faros de Circunvalación y el que provenía de las ópticas de los vehículos oficiales. Los uniformados llegaron con el objetivo de ingresar de golpe a dos viviendas de un pasillo. Y lo hicieron. En una no hallaron lo que buscaban. En la otra, sí.

Pero les costó entrar por la puerta, por lo que debieron romper la pared. Es que el ingreso estaba literalmente blindado. "Tenía cuatro cerrojos y hierros atravesados. No lo pudimos mover", dijeron los portavoces.

La acción tipo cerrojo se cumplió a la perfección. El inmueble estaba preparado para que su ocupante pudiera escapar. De hecho intentó hacerlo, pero cuando salía fue sorprendido por otros gendarmes que bordeaban el sitio". Era una travesti en pésimas condiciones de higiene.

A sus 54 años trabajaba como soldadito en el búnker donde permanecía doce horas por día hacinada para cobrar 120 pesos. Custodiaba 39 envoltorios de cocaína.

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