Lunes 09 de Marzo de 2009
Los astrofísicos se muestran convencidos de que las observaciones realizadas por la sonda Kepler, puesta en órbita este sábado, permitirán detectar miles de planetas que orbitan alrededor de lejanas estrellas, pero únicamente unos pocos compartirán las características que permitieron el surgimiento de la vida en la Tierra: el tamaño adecuado, en el lugar adecuado y en la combinación planetaria adecuada.
Aunque cada vez es más evidente que el Universo está lleno de sistemas planetarios, intentar localizar otra Tierra es lo mismo que buscar una aguja en un pajar. Según las previsiones, Kepler observará durante tres años unas 170.000 estrellas. Son millones y millones de datos.
Decidir cuáles son los soles más interesantes dependerá en gran medida de lo que decidan un puñado de científicos especialistas en astrosismología, una técnica de análisis de ondas sónicas que permite conocer qué está sucediendo debajo de la superficie de los astros.
Unos 200 investigadores de 50 instituciones trabajan en el consorcio dedicado al análisis de los datos enviados por Kepler, llamado en siglas KASC, que coordina la Universidad de Aarhus en Dinamarca.
El método de detección tiene varias etapas. Primero, las observaciones de Kepler detectan que la intensidad de una estrella sube y baja. "Se activa el alerta. Los cambios en la luz que nos llegan son síntoma de un posible tránsito", explica el astrofísico Andrés Moya al diario El Periódico, de Barcelona. Un "tránsito" significa que un planeta acaba de pasar por delante de una estrella. Unos 60 de los aproximadamente 310 planetas extrasolares descubiertos hasta ahora han sido localizados por este método.
En este punto, "sabemos que hay un planeta, que obviamente es un hecho relevante, pero aún no sabemos nada de él. Para ello necesitamos descifrar cómo es la estrella" señala Moya. Se trata siempre de datos relativos: por ejemplo, si no conocemos el tamaño de una estrella, no podremos conocer cómo es su planeta. Así que la NASA decide enviar los datos captados a KASC, donde están los mejores expertos mundiales en análisis de estrellas mediante sismología. La experiencia acumulada con una misión anterior, llamada Corot, ha sido fundamental. Los científicos han desarrollado programas informáticos que permiten inferir cómo son los astros, su composición química y su tasa de rotación. Kepler tiene un telescopio extraordinariamente sensible para observar esos cambios.
Parecidas al Sol. "Hay muchas estrellas, pero nuestra lógica nos indica que las más atractivas son las más parecidas al Sol. Cuanto mayores son, más despreciables resultan" señala Moya. En este sentido, los investigadores del consorcio KASC han seleccionado 500 posibles estrellas, supuestamente sin planetas, para hacer estudios de física estelar pura. "Queremos definir métodos para calcular la edad de las estrellas, para comprender su evolución y determinar si nuestro Sol es un tipo de estrella típica, muy abundante", concluye.