Solidaridad y justicia
Tuve la suerte de conocer a los tres chicos nigerianos que recientemente vinieron a la Argentina escondidos en un barco, en el que pasaron seis días sin comer. Me llamó la atención la madurez de los mismos.

Sábado 29 de Noviembre de 2008

Tuve la suerte de conocer a los tres chicos nigerianos que recientemente vinieron a la Argentina escondidos en un barco, en el que pasaron seis días sin comer. Me llamó la atención la madurez de los mismos. Sus nombres son Edmund, de 18 años; Opara, de 13, y John, de 15. Cuando cuentan su historia uno puede ver en sus ojos la angustia y la impotencia que emanan de su dura y cruda realidad. Son cristianos y se sienten cómodos en la Argentina. Ninguno de ellos quiere volver a su tierra natal. Alegan que morirían probablemente si lo hacen. Edmund tuvo suerte, y fue aceptado como "solicitante de refugio". Tiene un tutor de la Justicia federal, dinero otorgado por una organización internacional y la tranquilidad de saber que casi seguramente será aceptado como refugiado y podrá quedarse en la Argentina. Los otros dos están un tanto aturdidos porque de sus declaraciones apenas arribados a la Argentina, según las autoridades que los entrevistaron, no se desprende supuestamente que sean "solicitantes de refugio". Están en manos de la Subsecretaría Provincial de Santa Fe de la Niñez y la Adolescencia, sin tutor, sin dinero, sin certezas. Por este medio, entonces, quiero pedirles a los miembros de Migración, de la Subsecretaría provincial de la Niñez y la Adolescencia y a los miembros de la Justicia que entiendan en el tema, que en este caso se aplique la Constitución nacional, de la cual forma parte la Convención sobre los Derechos del Niño, que consagra como principio rector de nuestro sistema jurídico el interés superior del niño, entendido éste como todo aquello que, según las circunstancias y la propia voluntad del menor en cuestión, haga a su felicidad, dignidad y bienestar.

Rafael Eduardo Micheletti

rafamicheletti@hotmail.com