Jueves 14 de Agosto de 2014
Me dirijo a la señora Rosa Lipiski, por su carta del pasado viernes, titulada “Recaudos para la venta ambulante”. Soy el churrero que vende frente al bar de San Luis y Entre Ríos y quiero decirle que me parece bárbaro que usted se preocupe por las demás personas, yo vendo churros quizás de una manera que llama más la atención, ya que es una mercadería que si no se vende en el día después no sirve. Son pocos meses de venta, ya que el calor venidero no nos permite continuar. Hace 27 años que trabajo en el centro con la frente bien alta, tengo 46 años y cuatro hijos menores. Seguramente esta tarea me traerá complicaciones para mi familia y para mi salud, ya que soy diabético e hipertenso, pero ellos esperan que yo llegue todos los días para comprar la comida. Yo no cobro ningún plan, ni puedo aportar para la jubilación; por suerte tengo un techo gracias a mi madre, que me da un lugar en su casa con mi familia. Cómo hubiera querido que usted se hubiera acercado a mí . Tuve problemas, pero claro, soy un tipo de la calle. Hay gente que no le gusta la venta callejera y personas que entienden y ayudan al vendedor ambulante. Con mucho respeto, usted dice en la carta que no nos saquen, pero se entiende otra cosa. Por tal motivo, pido a algún alma caritativa que en los meses de calor me den la posibilidad de un trabajo. En el verano yo hacía mi trabajo en La Florida, pero no me lo permiten más por tener un permiso en el centro. Imagínese usted poniéndose en la piel de una persona humilde, viviendo a los saltos y juntando moneditas para sobrevivir. Le puedo asegurar que es muy perturbador.
Claudio F. Pacheco
DNI 20.175.568