Domingo 07 de Junio de 2009
En relación a las cartas sobre el conocimiento o desconocimiento de peatones y conductores, quiero contarles lo que veo y siento a diario caminando por Rosario. No ignoro los semáforos, ni las sendas blancas que algunos consideran meras rayas dibujadas en el asfalto. Me considero responsable toda vez que me enfrento al desafío de cruzar una esquina. Más de una vez he recibido insultos por parte de los todopoderosos automovilistas cuando les pedí a través de señas que encendieran sus luces de giro. Y otras tantas alguna que otra palabrota. En esas ocasiones me siento ínfima, un poroto invisible, la nada misma. Por supuesto que hay conductores responsables y peatones lo contrario. Pero sería interesante si todos pudiéramos una vez hacer el ejercicio de intercambiar los roles. Si todos pudiéramos aprender a convivir aceptando las distintas realidades, si los que manejan desaceleraran su apuro, si entendieran que el auto no es extensión de ningún miembro, ni los convierte en super héroes, ni mucho menos. Por más reglamentaciones y leyes que impongan, si no modificamos nuestra forma de pensar y de actuar, el progreso seguirá siendo una utopía.
María Bernarda Guerezta
bernardaguerezta@yahoo.com.ar