Sábado 14 de Noviembre de 2009
Quien es víctima de esta situación suele mirar la realidad desde el ojo de la cerradura y cree, falsamente, que está percibiendo y describiendo la situación total. Tal es la reflexión que me produce la carta "Microchips y sentido común", publicada el pasado viernes 6 en La Capital. La carta se refiere a "animales peligrosos" como si existiera la certeza de que tales perros fueran reales, independientemente del trato que han recibido, su inserción en una familia y el proceso de socialización del que fueron objeto. Tal vez, influenciada por masivas campañas de desinformación, la autora de la carta cree que la cantidad de "asesinatos" producidos por los maleantes "de cuatro patas" superan los robos, violaciones y homicidios originados por los "de dos". Quienes apuestan a la represión afirman con desaprensión que no basta con la aprensión del delincuente para saldar su deuda con la sociedad. Muerte por muerte, parece ser el axioma de los que convertirían a la ley de la selva en la única posible, ¿o es otra la intención? Si un perro mata a alguien, reconocer su identidad no resucita al muerto. Párrafo aparte merecen los miles de perros en continua reproducción; hecho común conforme los designios de la naturaleza. Perros sin hogar que buscan miguitas de ternura, perros lazarillos, perros que salvan criaturas, perros famélicos, perros apedreados, perros cuidados y queridos... Algunas personas que poseen "sentido común" pretenden controlarlos; otros, que sólo poseemos amor queremos protegerlos. Ningún bozal podrá amordazar jamás la maravillosa complejidad de las criaturas vivientes.
Rosalía S. Aurascoff
(Encuentro Proteccionista Diane Fossey)