Sobre las religiones
En el trayecto del idealismo al utopismo, aparece el fanático. El maniqueísmo se concibe desde sus orígenes como la fe definitiva, en tanto que pretende completar e invalidar a todas las demás.

Miércoles 04 de Febrero de 2015

En el trayecto del idealismo al utopismo, aparece el fanático. El maniqueísmo se concibe desde sus orígenes como la fe definitiva, en tanto que pretende completar e invalidar a todas las demás. Esta forma de entender la realidad convierte a las religiones en una pulsión como parte de la condición humana. La razón es el instrumento intelectual que permite controlar esa pulsión y forjar la tolerancia. El Islam es una religión de Estado, como también otras religiones han sido instrumentos políticos y han ejercido el poder. El cristianismo medieval se confundió con el Estado durante un largo milenio europeo, y en su nombre se emprendieron conquistas militares y acciones de exterminio ("A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César", frase violada en las aberrantes acciones realizadas por los ejércitos cruzados, las conquistas evangelizadoras, las torturas y ejecuciones del Santo Oficio, connivencia con las peores tiranías y dictaduras). El común denominador de las religiones y la mitología es la búsqueda de un orden para convivir invocando un Dios, y para difundirla necesitan del miedo al castigo ante la desobediencia. Tras la muerte de Jesús, Pedro y Pablo comprendieron que sólo dentro del Imperio Romano el cristianismo podría sobrevivir y expandirse. Así Pablo en su epístola a los cristianos de Roma sentenció "que todas las almas se sometan a los soberanos, porque no hay poder que no venga de Dios". El patriarca de Constantinopla, Juan Crisóstomo aclaró que lo divino es la institución del poder y no del hombre que la detenta. El judaísmo y el posjudaísmo interpretaron en el Antiguo y Nuevo Testamento, la certeza de que el poder existe porque la naturaleza pecadora del hombre lo ha hecho necesario. Desde que los príncipes y emperadores pasaron a ser cristianos, la pregunta fue quién estaba por encima del poder la iglesia o viceversa. Tomás Moro era un espíritu sensible a la pobreza y desigualdad y paralelamente era un impiadoso frente a todo lo que consideraba enemigo de la Iglesia. También el judaísmo tiene ejemplos atroces de impiedad inquisidora como la que condenó a Baruch Spinoza. Ni hablar de las interpretaciones del Corán, que se nutren en los mitos judíos y cristianos (dictados anacrónicos escritos por gente inculta coinciden con el ángel Gabriel, una inundación similar a Noé, etc). La ferocidad existe agazapada en el lado oscuro de la condición humana, generalmente alentados en forma colectiva, y cuyo detonador es el miedo o la frustración de un grupo o pueblo, no importa cuál, raza o religión a la que pertenezca. La reacción grupal se caracteriza por el sacrificio de otro u otros en el altar de la salvación colectiva. Inicialmente se sacrificaba un niño o ser indefenso en un altar hasta "evolucionar" en la justificación de los linchamientos y atentados ante una horda enardecida.

Silvia Buonamico