Sábado 12 de Enero de 2013
El pasado domingo 6 de enero leí en este diario un artículo sobre el aumento del consumo de alcohol en los menores. Según la Sedronar (Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico) "el principal problema entre los jóvenes escolarizados es el consumo abusivo de alcohol" (en la franja de 12 a 18 años). Da como causa fundamental la ineficacia del Estado que ni siquiera puede lograr que no se lo venda a menores y la idea de que se lo vincula a la diversión. Pero de acuerdo al diputado nacional Fabián Peralta, una de las causas más importantes es que los niños tienen una baja percepción de los daños que provoca ese consumo. A los adultos nos corresponde instruirlos para que sepan qué lograrán con ese descontrol. Sólo conocen lo que ven. Las propagandas muestran la diversión y no las consecuencias. Sus compañeros creen que saben todo pero es mucho lo que ignoran. Es en las escuelas donde se debe iniciar la enseñanza, y cuanto antes, porque cada vez son de menor edad los que prueban el alcohol. Los clubes de Leones contamos con el programa "Destrezas para la adolescencia" para aplicarse en las escuelas con niños de 10 a 15 años, con el que además de favorecer el buen desarrollo emocional de los adolescentes se los instruye en los peligros del consumo de drogas, y el alcohol, si bien es una "droga legal y culturalmente aceptada", no deja por eso de ser una droga. Nuestro Club de Leones de Rosario "Luis Pasteur" ha realizado ya cuatro encuentros a fin de formar docentes (superan los cien) para implementarlo y son varias las escuelas que lo están haciendo. Se trabaja con el adolescente aumentando su autoestima y autoconfianza, mejorando las relaciones con sus pares, su familia y la escuela. Se los instruye en el cuidado de su cuerpo y el daño que provocan las adicciones. Lo importante es educar al niño para que sepa a qué atenerse cuando consume drogas (llámese tabaco, alcohol o marihuana) y prepararlo para que tenga los argumentos y conocimientos necesarios para negarse a consumirlas, a pesar de la presión del entorno. Sólo es un granito de arena, pero de cientos de éstos está hecho el desierto.
Erina Perla Cabales / perlacabales@hotmail.com