Domingo 16 de Diciembre de 2012
Impulsada por reiteradas y lúcidas consultas respecto a mi responsabilidad en cuanto a la suspensión de publicación de los libros de quien fuera mi esposo, el Negro Fontanarrosa, durante un largo período, estimo que corresponde aclarar falsos conceptos que inducen, una vez más, a conclusiones totalmente erradas de la situación. Como es de dominio público, no dispongo de la titularidad de la obra editada, por tanto, se opone a la verdad y es claramente absurda cualquier afirmación que se haga sobre mi responsabilidad por la suspensión de la publicación de la obra. Esta fue una decisión unilateral del actual dueño registral. No se puede tomar decisiones sobre aquello de lo cual no se dispone, verdad de perogrullo. Sí, hice efectiva una demanda judicial en el mes de marzo de 2012, denunciando esta ausencia y reclamando la urgente reedición, a efectos de preservar la vigencia de la obra. No hay hasta la fecha ninguna disposición judicial respecto a este u otros reclamos; sin embargo, en el mes de octubre comenzaron a reeditarse libros a través de una nueva editorial. Me alegra sobremanera que dicha presentación judicial haya dado sus frutos y que, como consecuencia, el público pueda nuevamente tener acceso a los libros; nunca existió una causa judicial que lo impidiera. De igual manera considero inadmisible que continúe la negativa a la publicación del libro póstumo en el cual el Negro trabajó esforzadamente hasta el día anterior a su muerte. Esta negativa que no respeta el deseo del autor que no fue, indudablemente, que el producto de su creatividad y su esfuerzo quedara guardado en un cajón por más de cinco años. Tampoco el de tantos lectores que esperan esta última obra con ansias.
Gabriela Mahy