Miércoles 04 de Mayo de 2016
Es una pena, y más que una pena, un dolor muy grande darse cuenta de la forma obstinada en la que los sucesivos gobiernos de esta provincia han desperdiciado recursos humanos. Hablo de la docencia, que es el ámbito que conozco. Y si bien mi mirada es parcial, tal vez otros sectores puedan reconocer algunas similitudes. Cada persona formada tiene su especificidad. Los profesores nos hemos formado durante años para poder dar clases en el nivel secundario. Algunos lo hemos hecho en la universidad, otros en el nivel terciario. Nunca se nos permitió ingresar a la esfera laboral sin tener el título correspondiente. Sin embargo, para el Ministerio pareciera que la experiencia del maestro en el aula es un comprobante de su idoneidad para poder dar clases en el nivel secundario. Permite a maestros dar clases en la escuela secundaria, pero no permite al profesor dar clases en una escuela primaria. La experiencia en el aula es fundamental para la formación de un docente, pero la experiencia sola no alcanza cuando falta la capacitación específica en los contenidos que se deberán desarrollar. El sistema que funciona en nuestra provincia, y que en su momento pudo haber sido adecuado, hoy resulta perverso. Digo esto porque ese sistema sólo le permite a los docentes de secundaria anotarse en seis escuelas del nivel medio, y seis eempas, todos los años, para dar específicamente su materia, pero habilita a los maestros titulares a dar clases en el nivel secundario con título supletorio, en varias materias. El sistema es perverso por tres razones: en primer lugar por no crear un escalafón general para al menos cada ciudad, al cual pueda recurrir cada escuela en caso de una vacante; en segundo lugar, porque iguala a maestros y a profesores con la excusa de que el puesto se cubrió con un maestro porque no había profesor; y en tercer lugar es perverso porque deja en desventaja a los profesores, quienes dependen de la suerte para acceder a su trabajo. Sí que hay profesores para cualquier puesto, pero todos necesitan trabajar, y algunos terminan resignándose a un trabajo que no tiene nada que ver con su vocación porque el Estado administra mal sus recursos humanos. Gasta dinero en formar profesores a los que luego descuida.
Susana Sarmiento / DNI 13.449.495