Jueves 06 de Noviembre de 2008
Respecto de mi artículo "El muerto ignorado" (La Capital, 25-8-2008), sobre los luctuosos sucesos de hace 39 años en torno de la Marcha del Silencio (21-5-1969), en los que, como consecuencia de los enfrentamientos y además del joven Blanco, murió también el cabo de policía Fernández, un lector me instó a profundizar la investigación del tema. Es que de mi nota, advirtió, podría desprenderse que los manifestantes mataron al policía, algo que ni remotamente dije o insinué en el artículo. No obstante, creo que corresponde brindar algunas explicaciones para que, eventualmente, nadie quede confundido. Antes de la sugerencia del lector ya había decidido encarar un trabajo de mayor aliento sobre aquellos acontecimientos próximos a cumplir cuatro décadas. Entre otros objetivos me propongo desentrañar, lo más cercano posible a la realidad, cómo sucedieron esas muertes y qué ocurrió con las decenas de víctimas más que, con heridas de bala o no, felizmente no perecieron. Por mera casualidad me tocó cubrir periodísticamente parte de aquellos acontecimientos históricos, razón por la cual fue de mi conocimiento, al morir once días después de los sucesos el cabo Fernández, una versión de que la bala extraída de su cadáver pertenecería a un FAL (fusil automático liviano), arma que era mucho más probable que obrara en poder de la policía antes que en el de alguno de los manifestantes, aun cuando en aquella época ya operaba en el país la guerrilla. Si eventualmente alguien hubiera podido estar armado entre los manifestantes (no me consta ni lejos a mí, ni a nadie más, que yo sepa), siempre lo hubiera sido con un arma de puño y nunca con una larga. La versión del calibre del proyectil me fue brindada por un viejo compañero de Policiales del diario, hoy lamentablemente fallecido. Después de publicado el artículo de marras con información sólo extraída de la colección de este diario, me dediqué a recopilar material, tanto bibliográfico (ya tengo en mi estudio una treintena de libros para leer sobre el caso, la época y la violencia en general) como periodístico, etcétera. Uno de los primeros pasos que di fue gestionar un permiso para consultar los expedientes judiciales, circunstancia que, descontaba, me permitiría corroborar, entre otras cuestiones, la versión sobre la bala. Obtenido al cabo de un tiempo dicho permiso, enorme fue mi sorpresa al enterarme de que, salvo disposición expresa en contrario, por imperio de la ley vigente al respecto y después de vencidos los plazos de prescripción, a los 15 ó 20 años los expedientes judiciales son destruidos; mejor dicho vendidos como papel viejo, previa licitación. En consecuencia, por el momento me resulta imposible corroborar o no la versión sobre el proyectil. De paso, otra cuestión que deseo ampliar es que "En el muerto ignorado" yo expresé que, "aparentemente", y según los óbitos de este diario, el cabo Fernández no tenía familia. Eso no fue así. En uno de los vespertinos de entonces consultado después (no tengo ahora a mano cuál) se publicó que tenía cuatro hijos.
Luis A. Etcheverry, luisetcheverry@arnet.com.ar