Sobre educación sexual
Ni qué hablar que debe hacerse todo aquello que tienda al crecimiento humano y que la educación ocupa un lugar preponderante, junto a una buena alimentación y al derecho a la salud de manera igualitaria para todos los miembros de la sociedad. Solo debemos hacer un distingo imprescindible para diferenciar sexualidad de genitalidad. No son cosas similares.

Jueves 04 de Marzo de 2010

Ni qué hablar que debe hacerse todo aquello que tienda al crecimiento humano y que la educación ocupa un lugar preponderante, junto a una buena alimentación y al derecho a la salud de manera igualitaria para todos los miembros de la sociedad. Solo debemos hacer un distingo imprescindible para diferenciar sexualidad de genitalidad. No son cosas similares. Durante mucho tiempo se ha hablado de enfermedades de transmisión sexual, ignorando que la sexualidad lleva implícita el amor, la ternura, el cuidado del otro, con lo cual el acto pasa de ser meramente genital a ser acto sexual, pleno de goce. La genitalidad en absoluto se diferencia de la parte animal que se lleva dentro como un componente más de lo que es humano. Solo es el orgasmo, después del cual, salvo ese goce que desapareció, no se producen cambios en nuestras áreas afectivas. Por eso es importante, salvada esta diferencia que debe tenerse en cuenta, que los educadores conozcan bien estas diferencias para evitar confusiones. Hasta mucho tiempo atrás se llamaba enfermedades venéreas a las trasmitidas por la relación de parejas. Conocido esto, quienes educan deben también estar preparados para establecer estas diferencias entre cosas diferentes y evitar que los jóvenes confundan lo hermoso de la sexualidad con lo meramente mecanicista de la genitalidad. Lamentablemente existe una tendencia actual a esto último. Cuando se logre revertir, con el mejor conocimiento del tema, que la sexualidad no transmite enfermedades sino que por el contrario contribuye a mejorar las relaciones humanas, este propio estímulo será una vacuna de prevención de enfermedades transmisibles en el acto genital espontáneo. Por lo tanto creemos que los dogmas confesionales, que reniegan de la sexualidad, no debieran interferir en algo natural y diferente a la genitalidad. Será un buen camino para la procreación responsable.

Efrain Hutt,

totohutt@tower.com.ar