Lunes 02 de Mayo de 2016
Apelar a créditos para fines útiles es una alternativa válida, a la que individuos y naciones recurren habitualmente, pero es notorio que los préstamos que la Argentina recibió a lo largo de su historia no han redundado en grandes beneficios, sino que desde hace muchísimos años representan una carga terrible que pareciera van a condicionar al país eternamente. Sea porque se dilapidaron sin control, se pactaron comisiones exageradas, se refinanciaron calamitosamente, se estatizaron deudas que correspondían a privados, o nunca fueron revisados cabalmente ni se efectuó protesta alguna por el hecho de que gran parte de esa deuda provino de préstamos otorgados a un gobierno no democrático, originado en un golpe de Estado. El crédito a países en esas condiciones debería ser automáticamente bloqueado. Con antecedentes tan negativos, sería lógico que en adelante todo préstamo que se gestione tendría que ser rigurosamente explicitado a los ciudadanos, quienes en definitiva son los que deben solventar los futuros pagos. Indicar el objetivo preciso del crédito solicitado, el neto que se recibe, y las fechas y sumas que van siendo utilizadas para tal fin. Los gobiernos pasan, la deuda permanece, los ciudadanos la sufren.
Dirk Westberg
DNI 93.370.609