Sócrates, el precristiano
Dentro de pocos días conmemoraremos la natividad del Redentor, Nochebuena, el nacimiento de Jesús el Niño Dios. Ante estas circunstancias, no caben dudas y es irreverente decir que...

Jueves 15 de Diciembre de 2011

Dentro de pocos días conmemoraremos la natividad del Redentor, Nochebuena, el nacimiento de Jesús el Niño Dios. Ante estas circunstancias, no caben dudas y es irreverente decir que Sócrates es el precristiano como lo llamó Nietzsche. Lo cierto es que este hoplita, soldado de la guerra del Peloponeso contra los persas, con su hoplom-escudo-logró expulsar los falsos dioses de Olimpo erigiéndose en uno de los paradigmas en la creencia del alma y de una nueva conciencia espiritual. Sócrates, nacido y muerto en Atenas 469/399 aC como figura imperecedera de la historia universal fue condenado a morir envenenado con cicuta. No por sus doctrinas, sino por sus convicciones como mártir precristiano y un soldado contra los enemigos del cristianismo. Gracias a Aristóteles comienza su estrella y empieza después de su muerte a ser el mártir de una incipiente religión terrenal que 300 años más tarde con Cristo se llamó cristianismo. Religión a la que Sócrates le legó las virtudes del valor, la piedad, la justicia y la prudencia, cosa que fue posible para que los filósofos le consideraran como una virtud el desprecio a la gloria trocándola en una exigencia moral. Según San Agustín de Hipona, Sócrates es el serio intelectual para los modernos y el agudo ironista para los críticos de la modernidad. En la época de La Reforma, Erasmo de Rotterdam lo incluye audazmente en sus oraciones: ¡"Santo Sócrates, ora pro nobis"! Sócrates murió hace 24 siglos pero su alma ante el Dios que el creía desde los cielos nos estará sonriendo. De vez en cuando nos vendría bien en este triste transitar de nuestra humanidad un Sócrates que nos saque de nuestra modorra, nos arranque de nuestros falsos criterios y nos lleve por el camino de la reflexión, de la piedad, la justicia, la prudencia del respeto mutuo, sobre todo de esta terrible y criminal violencia enquistada en la adolescencia y la juventud. Es lo menos que se le puede pedir a Cristo y a Sócrates en estas fechas.

Roberto Linares