Viernes 23 de Noviembre de 2012
Damasco/Londres. — Los rebeldes sirios controlan una importante parte del este del país, a lo largo de la frontera con Irak, desde que ayer se apoderaron de una ciudad estratégica de esa región.
"La zona, que se extiende desde la frontera iraquí hasta el borde de Deir Ezzor, es actualmente el sector más importante que escapa totalmente al control del ejército" del régimen, explicó el presidente del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), Rami Abdel Rahman. Los insurgentes también tomaron hace poco otra importante sede del ejército del presidente Bashar Assad, la Base 46, en el norte de Siria, a poca distancia de Turquía, pero perdieron la cercana base Jeque Suleiman, alrededor de la cual el ejército ganó terreno este miércoles, siempre según el OSDH. La base Jeque Suleiman es actualmente el único obstáculo para la "liberación" casi completa por parte de los rebeldes de una gran zona que va desde la frontera turca hasta la ciudad de Aleppo.
El ejército llevaba varios meses bombardeando desde la base 46 hacia el norte, región fiel a la revolución. Su caída es por lo tanto "una victoria importante", sin dudas "la mayor" desde marzo de 2011, cuando se inició la rebelión, según estimó el general insurgente Ahmad al Faj. Ahora, la autopista que va desde la frontera turca hasta Aleppo está controlada por los guerrilleros.
Menos ambiciones.El régimen, cuyo ejército debe enfrentar una rebelión cada vez más audaz, redujo sus ambiciones territoriales para concentrarse en el sur, en Damasco, el centro de Siria y la región de la minoritaria secta alawita, en el noroeste, a la que pertecenen la familia Assad y la élite. El objetivo del régimen, de acuerdo con numerosos expertos, es mantenerse en sus posiciones para tener una carta cuando llegue la hora de las negociaciones. Assad apuesta a sobrevivir mientras sus aliados, Rusia e Irán, fuerzan una negociación. A estas alturas, vencer y recuperar totalmente el dominio del país, como se planteaban Assad y sus aliados apenas meses atrás, ya resulta para ellos utópico. Enfrente, Estados Unidos, Turquía y las poderosas monarquías petroleras del Golfo, impulsan la salida de Assad y la caída de su régimen alawita, y apoyan a una coalición opositora que recientemente recibió reconocimiento internacional.
Desde el comienzo de la rebelión popular en marzo de 2011, la violencia ha dejado más de 40.000 muertos, en su mayor parte civiles asesinados por las tropas de Assad.