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Sinfónica pprovincial, el gran desafío de una obra mayor

Interpretó la “Sinfonía nº 9 Op. 125 en Re menor «Coral»”, de Ludwig van Beethoven, el jueves pasado a la noche, en el marco de la temporada de conciertos organizada por la Asociación Cultural El Círculo.

Domingo 22 de Junio de 2014

La Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario interpretó la “Sinfonía nº 9 Op. 125 en Re menor «Coral»”, de Ludwig van Beethoven, el jueves pasado a la noche, en el marco de la temporada de conciertos organizada por la Asociación Cultural El Círculo. A “La Novena” se la ha usado para los más variados propósitos, desde adornar bodas hasta ser banda sonora de comerciales. Es el himno de Europa y Leonard Bernstein la tocó cuando cayó el muro de Berlín. También fue canción de las juventudes comunistas de la extinta RDA, himno del estado racista de Rodhesia y es “Patrimonio Cultural de la Humanidad”.

   La famosa melodía del cuarto movimiento fue llamada por Richard Wagner la “melodía patriarcal”. Ese es el momento en que irrumpe el texto de Schiller: “Alegría, chispa divina, hija del Elíseo”. Para Beethoven, esta obra es una afirmación positiva de la utopía iluminista. Para los románticos posteriores, “La Novena” representa un nivel superior de expresión, es el Magnun Misterium del arte. Por esta razón un director y una orquesta deben llegar a “La Novena” desde la responsabilidad y con humildad por la trascendencia cultural que la obra encierra. El maestro Nicolás Rauss, ya con siete años al frente de la Sinfónica Provincial, es la primera vez que la interpreta con esta orquesta. No es malo esperar para llegar a “La Novena”: Riccardo Muti esperó hasta los 46 años para hacerlo.

   El primer movimiento, “Allegro ma non troppo, un poco maestoso”, comienza con un trémolo de violines y violonchelos, creciendo de la nada nos lleva hasta un magnífico material que termina en un grito de furia libertaria. Después viene el segundo movimiento, el “Scherzo”, con su reconocido golpe de timbal en el quinto compás. Todo el movimiento tiene un ritmo de marcha donde la excesiva rapidez no siempre ofrece la energía que el movimiento requiere, y la lectura de la orquesta fue correcta.

   El tercer movimiento es un “Adagio molto e cantabile”, dos temas se presentan y comienzan las variaciones creando una textura de subjetivismo pleno. El fagot y el clarinete cantan, y se establece un marcado contraste con los primeros dos movimientos, ampliamente expansivos. Este fue el mejor momento: el color intimista y la perfección en la rendición de los solistas.

   El cuarto movimiento, “Presto”, marca la total revolución en el lenguaje de la sinfonía clásica, como dice Jonathan Kramer: “Un experimento para combinar en un único movimiento formas tradicionales diferentes: cantata, concierto, fuga y ópera”. Un recitativo anticipa la entrada de la voz humana, solistas y coro reafirman el himno esperanzador invocando a la chispa divina que debiera alimentar el espíritu humano. El coro sonó fuerte y expansivo, dejando en claro que el director buscaba ante todo un sonido contundente. Los solistas fueron Paulina González Melgarejo (soprano), Anabella Carnevali, (mezzosoprano), Enrique Folger (tenor) y Lucas Debevec Mayer (bajo), todos ellos cantantes de fuste que brindaron una lectura prolija de los textos correspondientes, un cuarteto altamente solvente. Al igual que con el coro, aquí el director buscó la contundencia sonora aunque se perdió en sutileza.

   En síntesis, la interpretación de la Sinfónica Provincial fue eficaz, se logró una buena interpretación. Como diría Beethoven: “El verdadero arte tiene un pensamiento propio. No se le puede obligar a encajar en un molde que busque la lisonja”.

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