Martes 05 de Enero de 2010
Al consultarlo sobre las últimas veces que estuvieron juntos, Llorente dijo que lo vio antes de trasladarse a Mendoza. "Lo visitaba en el Instituto del diagnóstico, en Buenos Aires".
En cuanto a la enfermedad, resalta que "había dejado de fumar totalmente hace unos nueve años. Pero ya estaba deteriorado, no podía respirar. Al venir a Rosario la última vez fabricamos un cable para que le pasaran oxígeno. Sabía perfectamente qué tenía y estaba muy jodido. Hoy al mediodía (por ayer) le dije a mi familia que Roberto no pasaba el día".
"A los dos nos gustaban muchos los perros. «Blackie», su perra Schnauzer, era hija del mío, se lo llevó hace unos diez años. Roberto me decía que cada día al levantarse y ver a la perra se reía y se acordaba de mí".
Y entre palabras cortadas, Llorente remarca: "Era un tipo muy humilde, transparente. También era jodón y le gustaba contar cuentos y anécdotas, te hacía reír. Me enseñó a tomar Martini, y me decía que el día que muriera bebiera champán, y que haría lo mismo si fallecía yo". "Hoy lo tomaré champán en su nombre", concluyó.