Martes 28 de Junio de 2011
"Sin sal y bicicleta". Recuerdo que esas fueron las palabras de despedida de mi cardiólogo, cuando me detectó la hipertensión. Y ahora recibo con beneplácito la noticia de que habrá que sacar el salero de la mesa de los bares y restaurantes. Aplaudo todas estas iniciativas de nuestros legisladores, preocupados por cuidar nuestra salud; como aquella que prohibió fumar en lugares públicos cerrados. Además, la norma con media sanción, contempla que en dichos locales de venta de comida tendrán la obligación de informarme sobre los efectos nocivos que produce el consumo de sal. Ahora bien, señora, señor lector, ¿no le parece adecuado que también se legislara y se prohibiera la venta de comida chatarra, que tiene exceso en sodio? ¿O no sería oportuno que el mozo también me brindara un informe de las buenas propiedades de la pimienta, para reemplazar la sal? Imaginemos una mesa donde se citan a cenar una pareja; y los tórtolos entre arrumacos deben escuchar el sermón del mozo, explicando los pro y contra de los productos. Creo que en la próxima cita iremos una hora antes, o no tendremos tiempo para el amor. Con el correr de los años, ahora no sólo soy hipertenso, sino que se me ha declarado diabetes. Entonces también celebraría que dicten otra ordenanza para sacar de los locales el azúcar, en todas sus formas y envases, y por supuesto que el que atiende al público explique también los pro y contra del azúcar. Creo que si tengo otra cita con mi amada, ya nos tendríamos que encontrar dos horas antes. De igual modo, gracias por ocuparse de mi salud. Pero si les queda tiempo, ¿por qué no legislan para cuidarnos de los chorros, que también hace a nuestra salud?
Francisco Sacco, DNI. 12.112.3290