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Simularon ser policías paraentrar a robar a una vivienda

Llamaron a la víctima por su nombre y le dijeron que había gente que merodeaba por los techos. Uno estaba vestido como un agente. "Queremos los dólares", le dijeron apuntándole con un arma de fuego.

Jueves 17 de Enero de 2013

Eran las 20.40 del martes y recién había entrado al departamento de pasillo donde vive, en la zona sur, cuando sonó el timbre. "¿Usted es José Bono? Venimos de la comisaría 16ª porque recibimos un llamado diciendo que hay gente por los techos", le dijeron. El empleado bancario de 54 años les abrió la puerta a los dos hombres, uno vestido con camisa azul y escudo de la policía. Entonces, una vez dentro de la casa los agentes cambiaron de discurso: "Queremos los dólares", le dijeron apuntándole con un arma de fuego. Y reafirmaron sus intenciones pegándole un culatazo en la cabeza.

Con una modalidad similar a la empleada el viernes en un atraco en la ciudad de Santa Fe (ver aparte), el violento asalto ocurrió el martes a la noche en Laprida al 3300. Tal como sucedió en el caso ocurrido en la capital provincial, los delincuentes simularon ser policías y conocían al menos el nombre y apellido de la víctima.

Sin embargo, el dinero que estaban buscando con tanta decisión en la casa de José no estaba. Así, luego de revolver todo sitio en el que presumían que se podría esconder plata —incluyendo los bolsillos de la ropa colgada en los placares— huyeron con unos 1.500 euros, algunos reales sobrantes de un viaje reciente, cerca de 600 pesos y un juego de cubiertos de plata. Un atraco muy violento y hasta con un ribete bizarro: los falsos policías no dudaron en llevarse una bondiola que José pensaba estrenar en estos días.

Atado. "Habremos llegado con mi mujer sobre las 10 de la noche y nos llamó la atención que la puerta de calle estuviera abierta. Al entrar al pasillo escuchamos que José gritaba desde su departamento. Como la puerta de su casa no tiene picaporte del lado de afuera tuvo que ingeniárselas para abrirme. «Desatame, por favor, no aguanto más», me dijo. Hacía como 40 minutos que estaba atado con un repasador, la tira de una cortina y una especie de correa. Me costó bastante desatarlo", contaba ayer a la tarde Claudio, el vecino que comparte el pasillo donde vive José con su esposa, que al momento del atraco no se hallaba en su casa.

"Lo más llamativo fue que me llamaran por nombre y apellido", relató ayer José, entre el asombro y la resignación. "Me pidieron ingresar para verificar la denuncia que decían haber recibido. Y cómo no les iba a abrir, si hasta era probable que tuviera ladrones en mi casa, yo recién llegaba de trabajar", explicó con toda lógica.

José sólo alcanzó a ver que uno de los intrusos estaba vestido con una camisa azul y un escudo que parecía de la policía, mientras que el otro estaba de civil. Estimó que tendrían entre 35 y 40 años y le pareció advertir que se comunicaban por teléfono con un tercer hombre que parecía estar afuera esperándolos en un auto. "Hablaban bajito y le decían que acá no había nada", recordó.

"Mucho no pude ver porque con el culatazo me dijeron que no los mirara", recordó, y añadió que todo el tiempo le pedían que le entregara el dinero. "Les dije que trabajo en un banco, que no tengo ahorros en mi casa pero no me creían. Me encañonaban y amenazaban con que si encontraban el dinero me iban a matar", detalló José, y agregó: "En un momento me pusieron un pulóver en la cabeza y se me vinieron todas las películas policiales que había visto. Pensé que lo hacían para que no hiciera ruido el tiro".

Según estimó la víctima, los delincuentes habrán estado algo más de media hora recorriendo toda la casa en busca de dinero. Incluso destrozaron el forro de una silla y una caja de vinos en busca de billetes. Los delincuentes lo dejaron fuertemente atado en la cama y huyeron con el dinero que hallaron y otras pertenencias que cargaron en un bolso, entre ellas el costoso juego de cubiertos, prendas de vestir, zapatillas, un juego de toallas y sábanas a estrenar, y la bondiola que estaba secándose en el patio.

"Y esta mañana (por ayer) me pareció detectar una meada en un rincón", concluyó José, casi curado de espanto, para lamentarse: "Y al final, después de todo esto, voy a tener que agradecer que no me mataron".

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