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"Siempre fuimos un grupo muy difícil de encasillar"

Arbolito se presenta este sábado en el Anfiteatro Municipal. La banda creó un camino propio con su fusión de ritmos folclóricos, rock y reggae.

Jueves 31 de Enero de 2013

Arbolito ha construido 15 años de carrera creando un camino propio. Su original fusión de ritmos folclóricos como la chacarera, el huayno y la zamba con diferentes estilos del rock y el reggae los convirtió en un grupo que siempre huyó de los rótulos fáciles. Con esa impronta tan particular, el combo se presentará este sábado, a las 21, en el Anfiteatro Municipal, con entrada libre y gratuita. Como grupo invitado tocará La Semilla (ver aparte).

Arbolito se formó en 1997 con un puñado de egresados de la Escuela de Música Popular de Avellaneda: Ezequiel Jusid (voz, guitarra acústica y eléctrica), Agustín Ronconi (voz, flauta traversa, quena, charango, violín y guitarra), Diego Fariza (batería y bombo legüero), Andrés Fariña (bajo eléctrico y coros) y Pedro Borgobello (clarinete, quena, guitarra y coros). Desde 2000 hasta ahora la banda ha editado seis discos, que además de la riqueza de estilos también incluyen letras de fuerte contenido social.

"Siempre fuimos un grupo muy difícil de encasillar. Es imposible catalogarnos en algún género. La banda tiene 15 años, pero sigue siendo una propuesta nueva. Lo que hacemos tiene que ver con el desprejuicio. No tenemos una idea preconcebida de cómo deberíamos sonar", dice Pedro Borgobello. El clarinetista, que además domina varios instrumentos, es rosarino, pero se fue a estudiar a la Escuela de Música Popular de Avellaneda en los años 90, cuando se dio cuenta que la música clásica no era lo suyo.

"En la escuela de Avellaneda descubrimos un mundo distinto, el del folclore argentino y latinoamericano. Para nuestra generación eso estaba como escondido. En la escuela primaria cantábamos «Zamba de mi esperanza» y todo ese folclore un poco más lavado, sin mucho contenido ni profundidad. Eso no nos llamaba la atención", recordó Borgobello. "Nosotros también somos una generación que se crío con el rock. Con el paso del tiempo esa es la cultura que nos quedó. Y cuando descubrimos el otro costado del folclore —las cosas que hacían el Chango Farías Gómez, el Cuchi Leguizamón o Peteco Carabajal— empezamos a tener ganas de hacer esa música. Nunca tuvimos la intención de fusionar géneros. Eso se dio de una manera muy natural", explicó.

Los comienzos de Arbolito no fueron fáciles. "Cuando la banda arrancó era muy folclórica para el circuito rockero y muy rockera para el circuito folclórico. Era difícil encontrar un lugar dónde tocar. En un principio encontramos un espacio en las asambleas populares. Y después empezamos a tocar en plazas y ferias de artesanos. Es un circuito que fuimos inventando", contó el clarinetista.

El panorama fue cambiando con el paso de los años. "Hoy en día nos dan más cabida en los eventos folclóricos que en los eventos rockeros. El rock siempre estuvo ligado a la libertad, pero ahora está superencasillado, y si tenés un charango o una quena ya no es rock. En el folclore hay una apertura un poco mayor. Es raro que te corten el rostro porque tenés una guitarra eléctrica. De a poco se va asumiendo que el rock también es parte del folclore popular de este país", enfatizó Borgobello. El grupo se subió seis veces al escenario del festival folclórico de Cosquín, pero participó sólo una vez del Cosquín Rock. "Eso da una pauta de cómo están las cosas", agregó el músico.

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