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"Si uno no tiene apoyo ni consenso, está de más. Es muy simple", razonó Russo sin pelos en la lengua

La salida de Miguel Angel Russo de Rosario Central no es un hecho más. Quedó claramente expuesto ayer por la mañana, en el predio canalla de Arroyo Seco

Domingo 30 de Noviembre de 2014

Russo habló de su salida de Central sin pelos en la lengua. “Lo que hice es dejarles el camino libre a los dirigentes. Si uno no tiene apoyo ni consenso, está de más. Es muy simple”, razonó. La salida de Miguel Angel Russo de Rosario Central no es un hecho más. Quedó claramente expuesto ayer por la mañana, en el predio canalla de Arroyo Seco, donde casi todos los medios rosarinos y la mayoría de los canales deportivos nacionales fueron a escuchar las razones que iba a exponer el entrenador sobre su renuncia. La cúpula dirigencial encabezada por Raúl Broglia también estuvo en Arroyo, aunque el único que habló, después de Russo, fue el vicepresidente primero Luciano Cefaratti.

   Tras reunirse con los jugadores para saludarlos —más tarde le contará a Ovación que fue una de las despedidas más difíciles de su carrera—, Russo ofreció una conferencia de prensa, después se reunió casi en público con los dirigentes durante unos minutos y finalmente retornó al centro de la ciudad para terminar de cerrar algunas cuestiones personales vinculadas con el cierre de su contrato.

   En el inicio mismo de su conferencia, el DT, claramente golpeado por una salida que no parece la más adecuada para alguien tan estrechamente vinculado a la historia del club, prefirió aclarar antes que contestar la primera pregunta. “Más que renunciar, lo que hice es dejarles el camino libre a los dirigentes. Si uno no tiene apoyo y no tiene consenso, está de más. Es muy simple”, razonó Russo que utilizó parte de su alocución para agradecer a quienes lo trajeron “en un momento muy difícil” del club y a Edgardo Bauza por su apoyo a la distancia. “Quiero agradecer además lo bien que habló el Patón Bauza de mi gestión y quiero desearle mucha suerte en el Mundial de Clubes. Esas son cosas que para mí son importantes y tienen que ver con lo uno busca, que es lo mejor para Central más allá de cualquier nombre y de cualquier figura”, se explayó.

   “No lo sé porque nunca lo supe”, marcó tajantemente Russo cuando se lo consultó sobre las distancias entre su proyecto y el de los dirigentes.

   Un rato después, el DT dialogó con Ovación en otro lugar de la ciudad.

    Me sorprendió que fueras tan contundente en la conferencia de prensa. “En un lugar donde no lo quieren, uno no se queda”.

   —Pero tiene que ver con lo profesional. Ellos eligieron otro proyecto, es su proyecto, yo no encajo, tendrán sus razones, sus formas. Listo.

   —No logro saber por qué no encajás en su proyecto.

   —Yo no conozco el proyecto. Quizás no tengo por qué conocerlo. El día que lo vea, te diré.

   —¿Este vínculo empezó a deteriorarse ante la primera declaración de Raúl Broglia? (Nota de la R: “lo vamos a mantener (a Russo), vamos a ser dirigentes, vamos a marcar las pautas del fútbol... Queremos que sean directores técnicos, no dirigentes”).

   —Me quedé calmo porque entendía que era gente nueva. Yo sé cómo es este club y cómo lo he llevado y desarrollado en la parte futbolística. Empezó a tener una estructura en la que ayudaron mucho los jugadores grandes, con mucho esfuerzo. El club les tiene que estar muy agradecido, fueron momentos muy difíciles cuando llegamos, no era simple. Cuando vos no tenés estructura, hay dos formas de conseguirla: trabajando mucho y haciendo las cosas con orden, o con un gran flujo de dinero. Siempre digo lo mismo: proyectos hay miles, pero decime cuál es el presupuesto.

   —Una de las formas de disimular la falta de presupuesto es tener un DT que levante el teléfono y del otro lado lo atiendan. Quiero decir, hay jugadores que vinieron a Central, como Caranta y Abreu, por ejemplo, por gestión tuya.

   —Sí, confiaron en mí.

   —¿Y eso es un pecado?

   —No

   —Porque ese parece ser uno.

   —(Risas) No, hoy en día es muy común. Hay jugadores y representantes que si no tienen la llamada del entrenador, la cosa no funciona. No conmigo, con cualquiera. Le dan entidad. Consideran que si los llama el técnico es porque van a llegar a un acuerdo, es la realidad de nuestro fútbol.

   —¿Por qué te vas casi siempre mal de Central?

   —No sé, más que mal, no termino las cosas. Soy respetuoso de todas las ideas, pero uno sabe dónde encaja y dónde no. Hay un punto en el que uno mide puramente lo profesional, tiene que ser así, no hay otra forma. Trato de salirme de todo lo folclórico.

   —¿Sentís que este fue tu último ciclo en Central?

     — No pienso en el futuro.

   —No te creo.

   —No, no, te lo dijo de verdad. En esta profesión no. Ahora si te referís a mis planes, los tengo: ordenarme en familia, atender mis asuntos particulares, y después todo lo demás. Acá enseguida se inventan historias entre lo que uno cree y lo que piensa. Es muy difícil que te crean, pero las sensaciones son de uno. Lo que percibe el otro, es una cuestión del otro.

   —Sos bastante hermético con tus cosas, pero en ocasiones puntuales muy transparente. Y este momento te muestra angustiado.

   —Sí, sí, eso seguro. Trabajamos muchísimo. Incluyo a mi cuerpo técnico y a los jugadores más grandes. Desde su lugar, los dirigentes aportaron lo suyo. Trabajamos a destajo en todo, aún sin dinero y eso es lo que nos queda: la satisfacción de ser un grupo homogéneo. No encontrás muchos grupos así. Por ahí encontrás una elite de jugadores, pero acá pusieron el lomo porque querían que las cosas funcionaran bien y porque entendían que era el camino. Ayudaron en la formación de los más chicos porque este es un club muy especial por su gente y por su idiosincrasia. Es lindo por donde lo mirés, pero no te podés enojar seguido porque si no, no vivís y te enojás cada dos segundos. Este club te exige percibir las cosas antes que el resto.

   —¿Percibiste que ibas a irte?

   —Nunca espero lo peor. La idea era obtener un logro y después sentarme con los dirigentes para ver cómo era el futuro. Aspiraba a otra cosa.

   —Supongo que entre las aspiraciones estaba una salida más prolija si debía producirse.

   —No tengo rencor, me voy.

   —Te vas mal.

   —Me voy tranquilo conmigo.

   —La salida no fue la adecuada.

   —Yo camino por una sola vereda. No camino por el medio de la calle. Ni me subo a un lado, ni me subo al otro. Mientras yo esté tranquilo con lo que hice, o con lo que desarrollé, lo demás es problema ajeno. Después cada uno actúa como sabe, o como puede.

   —¿Cómo fue la despedida con los jugadores?

   —Fue una de las más difíciles. Pasamos mucho tiempo juntos, conocimos sus cosas personales y ellos supieron las nuestras. Estuvimos encima de cada embarazo, de cada parto, de cada conflicto sentimental, de cada enfermedad de un padre, una madre o un hermano. Colaboraron mucho los utileros, los médicos, la gente de Arroyo y la de seguridad. Es muy difícil lograr eso. Este grupo entendió que era una forma de trabajo y de vida. No sé si en otro lado se puede lograr. Es una lástima que no lo hayamos podido coronar de otra forma.

   —¿La derrota en la Copa Argentina es un fin de ciclo?

   —En Argentina cuando perdés una final normalmente te vas. Hicimos la reunión con los dirigentes porque nunca habíamos hablado de futuro. Y quería saber dónde estábamos parados. Por mí y por los jugadores.

   —¿Y en esa reunión no encontraste respuestas?

   —No tenían respuestas. Me manifestaron que estaban divididos en la decisión y entonces les dije que se los iba a hacer simple como corresponde y como hombre de bien que soy.

   —¿Por qué sacaron tan pocos puntos después del clásico?

   —Porque tenemos un plantel corto, en algún momento nos tocó jugar mucho y lo sufrimos. Y también porque esperábamos que el desarrollo les permitiera a algunos chicos llegar a otra altura y no lo tuvimos. Eso también forma parte de los procesos. Además, después del clásico nos costó muchísimo meternos porque teníamos el objetivo de la Copa Argentina muy cerca y la cabeza empezó a funcionar para otro lado. Asumo todo, pero creo que merecimos algo más. Ahora ya está.

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