Si no saben qué hacer, no hagan nada
Esto es lo que surge del buen sentido. Pero esta situación no puede perdurar. La acción de gobierno municipal de la ciudad de Rosario se ha transformado en surrealista. Quizás haya razones...

Jueves 14 de Marzo de 2013

Esto es lo que surge del buen sentido. Pero esta situación no puede perdurar. La acción de gobierno municipal de la ciudad de Rosario se ha transformado en surrealista. Quizás haya razones para que no sea normal, pero no lo sabemos. De un tiempo a esta parte, todo es pintura y pincel. La obra pública ya no se transforma en cemento, es muy líquida. Ahora insistimos en bicisendas y en carrilles exclusivos. Se ha desatado una guerra sin igual sobre el automóvil, pero no se ha instalado un servicio público eficiente. Ni siquiera se ha ofrecido un servicio vip para evitar la invasión de autos particulares. Los baches persisten. Las calles no tienen nombre. Las flechas se han evaporado y no hay sentido de circulación. No hay información vital en calles donde debieran existir. Hay corralitos de impotencia en infinidad de calles. No tengo interés en participar en ninguna contienda electoral, ni a favor ni en contra, pero lo que ocurre es de tal magnitud que no se puede no intervenir. Por si algo faltaba a este dislate, la costanera, la rambla Catalunya, La Florida de la gente de a pie o de a vehículos que aún pueden funcionar les ha sido vedada a los vecinos. Recuerdo cuando altos funcionarios de este gobierno decían que los rosarinos no le debían dar la espalda al río, hoy ese lugar paradigmático, último bastión de la ciudadanía, ya no puede estacionar en toda la extensión de la rambla Catalunya. Me gustaba ir a cualquier hora de la mañana o de la tarde con mis libros a leer o a escribir en algún boliche de esa costa, a tomar un café como pretexto y a dar rienda a la creatividad y a los sueños. Hoy, eso está vedado. Hoy se ha implantado una forma  espúrea del estacionamiento medido. Hoy para estacionar y tomar un café, hay que pagar un mínimo de diez pesos  que sirve como contribución para el Hospital Alberdi. Apenas uno estaciona, no menos de dos a tres personas, seguramente necesitadas se abalanzan sobre el vehículo y exigen que se les pague diez pesos por anticipado para poder estacionar, exhiben un talonario que los habilita y los carteles en chapa fijado a las columnas donde lo certifican. Quisiera saber quién fue el de esta idea, quiénes aprobaron esta barbaridad, qué jueces avalan esta medida, y cuánto es lo que percibe el Hospital Alberdi. La Florida ha sido confiscada, no sé por qué, no se sabe por quién, ni  cómo. Alguien tendría que dar una respuesta.

Miguel Tomé