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"Si no reaccionamos, Argentina se convierte en un narco-Estado"

Lo dijo Sergio Berensztein, politólogo, licenciado en Historia de la Universidad de Buenos Aires. Profesor investigador de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tellla.

Lunes 10 de Noviembre de 2014

El politólogo Sergio Berensztein sostiene que el narcotráfico es el principal riesgo de gobernabilidad que enfrenta el país en los próximos años y exhorta a los políticos buscar de manera urgente todos los mecanismos y usar todos los resortes institucionales para enfrentar el problema y evitar que en el país la situación se vuelva incontrolable. “Pero tenemos que reaccionar ya, porque si no en diez años la Argentina se convierte en un narco-Estado”, dice en diálogo con LaCapital.
  Berensztein, en coautoría con Eugenio Burzaco (ex jefe de la Policía Metropolitana de Buenos Aires), acaba de publicar el libro “El poder narco: drogas, inseguridad y violencia en la Argentina” (editorial Sudamericana). Allí el politólogo y el ex funcionario de Mauricio Macri analizan y documentan los casos más emblemáticos que sacudieron a la sociedad argentina.
  —¿Cómo surge la idea del libro?
  —Hace dos años que trabajamos en esto con mi coautor (Burzaco), quien es un especialista en política de seguridad. Yo viví en México hace 20 años y veía de forma sorpresiva eventos que daban la sensación de que ponían de manifiesto un problema serio de drogas y violencia generalizada que los mexicanos no advertían. Todo eso tenía que ver con las ramificaciones del fenómeno colombiano y cuando se dieron cuenta fue demasiado tarde. Hace diez años intentaron reaccionar de manera desorganizada y fue un horror. Ahora tienen índices de violencia y muertos similares a los números de lo que fue acá en la época de la dictadura.
  —¿Lo que viste en México hace diez años tiene alguna semejanza con lo que ocurre en Argentina?
  —Es lo mismo. La sociedad no toma conciencia de eventos que parecen hechos aislados, pero cuando te ponés a analizar, están entrelazados. Los mecanismos son los mismos, a veces los mismos actores. En Rosario confluyen el río por un lado y la ruta 34 por otro. De acá salen los barcos que aumenta mucho el consumo local, porque de la manera que se paga el traslado es con droga. Después empiezan los carteles a luchar a los tiros por el territorio.
  —En México el narcotráfico creció al amparo de la protección política. ¿La situación de Argentina es similar?
  —Nosotros arrancamos en libro reseñando los últimos 20 años y señalamos que hubo la misma actitud de desidia, de falta de conciencia del problema en gobiernos radicales, peronistas, de derecha o de izquierda. Aun en las administraciones como Santa Fe, que tiene compromiso con la transparencia, el narco se termina colando porque no depende del compromiso de un gobierno por hacer las cosas bien sino por la capacidad del narco de corromperlo todo. El narcotráfico tiene la característica de que agrava los problemas que ya existen. Tiene la capacidad de cooptar gente del Estado, burócratas, policías o de la propia Justicia.
  —¿Es sombrío el panorama?
  —En Argentina estamos a tiempo para reaccionar de manera inteligente, coordinada y contundente y evitar que esto escale mucho más. Pero hay que reaccionar ya porque si no en diez años Argentina se convierte en un narco-Estado. Nuestro propósito, con el libro, es generar una voz de alarma diciendo que si reaccionamos ahora evitamos un daño irreparable, si no, la violencia se va a multiplicar exponencialmente por la lógica propia del negocio.
  —¿Cómo ves la situación de Santa Fe?
  —Hay manifestaciones de que esto es un fenómeno complejo en otros puertos, como en Bahía Blanca, Comodoro Rivadavia, Buenos Aires, Zárate, Campana. Donde hay puerto vas a tener droga, donde parte se consume acá y otra parte va de tránsito a otros destinos. Por la logística del negocio, los puertos son el punto neurálgico. En este caso, Rosario y Santa Fe son dos ciudades que naturalmente tienen todas las condiciones para experimentar el crecimiento del fenómeno narco. Por supuesto que acá se combinó con algo que no es nuevo, y que son los bolsones de marginalidad muy fuerte, y esto en los últimos diez años lejos de solucionarse se agravó. Entonces tenés gente que encuentra en la droga un modo de vida. Esto genera un circulo vicioso muy complejo. En otras ciudades donde no tenés estos bolsones de pobreza el fenómeno está un poco más acotado. Pero acá en Rosario, los chicos que están involucrados en este negocio, matar o morir es lo mismo, no tiene costo.
  —¿No hay suficiente conciencia social y política para encarar el fenómeno narco?
  —Si hay peligro de narco-Estado es porque hay peligro de narco-sociedad. No hay sociedad sin Estado. ¿Qué quiere decir esto? Que tenés hábitos en todos los sectores sociales de tolerancia al consumo de drogas. No hay suficiente conciencia de lo que esto significa, no hay educación en las escuelas. En las casas de familia, los padres no tienen la suficiente información del daño que genera, incluso la droga supuestamente blanda como la marihuana.
  —Hay sin embargo todo un debate, incluso que se puede extender al Congreso, para despenalizar el consumo de marihuana...
  —Nosotros tenemos una postura muy dura en contra de facilitar el acceso a la droga, sobre todo a los más jóvenes, porque una vez que un chico se volvió adicto es muy difícil que deje de serlo y es muy fácil que pase de la marihuana a drogas muchísimas más nocivas. Si bien es cierto que los ciudadanos debemos tener libertades individuales, también es cierto que el impacto en la salud pública y el costo social que tiene la adicción es terrible.
  —Hubo en el Parlamento cruces muy fuertes por lo que está pasando en Santa Fe. Incluso un diputado kirchnerista acusó al gobierno local de narcosocialismo. ¿Pudo seguir ese debate?
  —La peor es cuando la situación se politiza de la manera menos profesional posible. Para atacar este fenómeno hace falta mucha decisión y acá lo que menos puede haber son chicanas.
  —¿Este tema va a ser eje de la campaña política?
  —Debería ser un tema de campaña, pero no para pelearse o tirarse chicanas, sino para acordar una política pública independientemente de quien gane el año que viene. Hay que hacer muchas cosas y destinar mucha plata. Hay que crear una agencia federal contra el crimen organizado para poder coordinar todos los esfuerzos, tener una base para poder sumar datos de la Afip, de la UIF. Y hay que controlar más la frontera y evitar que entren delincuentes. La mayoría que ingresa al país viene a laburar, pero algunos vienen con antecedentes y acá nadie los controla.
  —¿Esa laxitud en los controles es pura desidia o complicidad?
  —No se puede descartar connivencia, pero en principio yo creo que hay mucha más desidia, desorganización, falta de incentivos. Por ejemplo, analizamos el caso de la efedrina y ahí te das cuenta que es un descontrol. Hubo cosas raras, de hecho está la investigación de la jueza Servini de Cubría con los llamados que hubo a la Casa de Gobierno. Hasta que esto no se pruebe, uno debe mantener la presunción de inocencia, pero ahí pudo haber habido algo más que una simple desidia.

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