Jueves 24 de Diciembre de 2015
El año pasado, en la la sucursal de Pellegrini y Vera Mujica de un reconocido súper me retiro sin hacer ninguna compra. Como es lógico, está perfecto que así sea, uno debe pasar por lo que se llama "la puerta" que detecta los códigos de barra. Lo hago, obviamente que no suena ninguna alarma, pero un sujeto de seguridad me dice: "Me muestra qué lleva en el bolso". Le respondí y le mostré: "Sí, un buzo mío que no compré ni se vende acá. ¿Quiere que pase otra vez por la puerta, para que otra vez no haga ruido, y así usted se queda tranquilo?". Mi tono fue respetuoso, pero poco amable. Respondió que no y pidió disculpas. No le pedí la identificación. Este año, en la sucursal de 27 de Febrero y Ocampo, la misma situación. Me retiro, y un fulano de seguridad repite tres veces y cada vez más fuerte: "¡Señor, señor, señor, qué lleva ahí!". Fue la gota que rebalsó el vaso, ya que relacioné la situación con la del otro año. Le dije: "Una campera que tengo hace dos años por un canje de cuando trabajaba en un programa de radio (La Banda Futbolera) llevo en esta bolsa. Pero lo que me enerva es que ustedes (incluí al otro de seguridad) implícitamente dan a entender que uno se estaría robando algo. Es una locura. Es indignante. Además de no sonar alarma alguna, usted ve que no hay más que una campera propia". Las iniciales del sujeto son GPR. Pidió disculpas, aunque no se las acepté. No pude decir, por cierto pudor, que estos sujetos de las agencias de seguridad, quizá desplazaron en mí lo que tal vez ellos serían en verdad: unos potenciales ladrones. Es la paranoia de dos pobres tipos. Pero las faltas de respeto son inadmisibles. Y en la misma cadena de supermercados. Ojalá mejoren en ese aspecto, un simple consejo.
Lisandro López
DNI 34.420.077