Edición Impresa

Ser leproso o canalla es una pasión sin fronteras

El brasileño Italo Alfonso Milo Pinto es de Newell’s y el iraní Behruz “Babá” Roohani Sheshvan es de Central. Dos hinchas de ley en la previa al clásico rosarino.

Domingo 06 de Abril de 2014

¿Cómo es que un iraní vino a vivir a Rosario hace más de 30 años y se transformó en un canalla rabioso? ¿Cómo explicar que un brasileño llegó hace cinco meses a la ciudad y se convirtió en un leproso de la primera hora? Las respuestas intentarán esbozarse en esta nota donde Behruz Roohani Sheshvan (Babá para sus amigos) e Italo Alfonso Milo Pinto explicarán lo inexplicable: la pasión del hincha, algo irracional, emotivo y sin fronteras que llega al límite en todo clásico.

Cada uno de ellos contará por qué llegó a la ciudad, cómo fueron sus metamorfosis y dejaron de lado a Persépolis y Cruzeiro, los equipos de su tierra. Dirán cómo se pusieron las camisetas auriazul y rojinegra para no sacárselas más y adelantarán quién ganará hoy el clásico: respuestas obvias, de hinchas, para quienes como para gran parte de la ciudad ser de Central o de Newell”s es un sentimiento.
Babá tiene 61 años y es taxista. “Colega de Mario Killer”, aclaró. Nació en Tabriz (segunda ciudad de Irán después de Teherán) y salió de su país en 1980, en plena revolución iraní, en búsqueda de unos parientes que vivían en Estados Unidos. Explicó el hecho histórico político citando a la película Argo (de Ben Affleck y ganadora del Oscar en 2012), pero no se detuvo mucho allí. Prefirió contar un episodio anterior, más raro que un perro verde, que sin embargo fue la antesala de su pasión eterna por el equipo de Arroyito.

“Cuando el Central de (Mario y Daniel) Killer, (Aurelio) Pascutini y (Aldo) Poy viajó en 1975 a jugar la Copa Yakarta (Indonesia) ganó una Copa de oro y piedras. Vi la noticia en Irán, cuando aún la televisión era blanco y negro. El comentarista dijo: «Las rayas grises oscuras de este equipo son azules y las grises claro, amarillas». Me gustó mucho esa camiseta y en el barrio con mis amigos decidimos hacernos las mismas: con esas rayas y ese color”, dijo Babá.

Casi como designio de la providencia su viaje nunca terminó en San Diego (Estados Unidos) ni en Tucumán como habían sido sus planes. Llegó a esta ciudad con unos amigos rosarinos y se cruzó en la peatonal con unos chicos que vestían la camiseta azul y amarilla. Allí, recién allí, recordó la nota de la gira de Central por Oriente Medio y se dijo: “Si en esta ciudad encontré buena gente y al equipo de fútbol que tanto me había gustado, esto es un «bienvenido», acá me quedo”. Y así fue: aquí, en Rosario, encontró trabajo, una familia paisana en la que conoció a su mujer (Shahlá), tuvo cuatro hijos y aquí también se hizo hincha de Central.

Para dar fe de su amor incondicional se levantó una botamanga del pantalón y mostró su pierna izquierda. Allí se estampó hace tiempo un escudo auriazul junto a la bandera iraní. “Central es un camino de vida”, dijo al mostrar el tatuaje con orgullo.

Italo Alfonso Milo Pinto, tal como se leen sus nombres y apellidos completos en su flamante carnet de socio de Newell”s Old Boys, nació hace 23 años en Belo Horizonte, la ciudad brasileña que será sede del Mundial 2014 y donde la selección Argentina se cruzará justamente con Irán. Todo tiene que ver con todo, dicen que dijo el filósofo Anaxágoras y algo después el locutor Pancho Ibáñez.

Lo cierto es que este joven, futbolero, y mediocampista en los picados con sus amigos del barrio, hijo de madre enfermera y padre empresario, decidió seguir los caminos de su hermano mayor, y venir a Rosario a estudiar Medicina.

“Siempre miré mucho el «fuchibol» de Argentina, porque es más caliente que el de allá. Los hinchas en mi país van mucho al estadio si el equipo gana, pero acá no es así. Y a Newell´s lo seguí desde chiquito, desde que vi a Messi y Maxi Rodríguez jugando en Europa y como mi hermano estaba en Rosario y le gustaba Newell’s, ya desde mi país era leproso. A tal punto que si tengo que elegir entre la selección argentina y la de Brasil, me quedo con la de mi país. Pero creo que si se cruzaran Newell’s y Cruzeiro, hincharía para Newell’s”.

Italo contó que apenas pisó Rosario comenzó a ir a la cancha de local, acompañado por un amigo también brasileño y munido de camiseta y bandera rojinegras.

Como si fuera un sociólogo del fútbol aseguró que acá las mujeres van más a la cancha que en Brasil. Y como buen hincha hasta arriesgó estadísticas.

“Allá sólo ocupan el 10 por ciento del estadio, acá es parejo: mitad y mitad, y las chicas, son mucho más lindas”.

Cuando se le preguntó por una cábala contestó que “siempre” echa mano a la remera con la cara de Don Ramón, el personaje del Chavo. “La llevé al primer «juego» (así se referirá a los partidos) y ganamos: ahora no me la saco nunca”. Y por si alguien dudara de esa declaración, este fanático del delantero leproso David Trezeguet, mostró una foto guardada en su celular, en la que se lo ve con su remera de la suerte.

No será la única imagen. Tiene un video del banderazo y de un partido donde se lo escucha cantando en portuñol: “Soy leproso, es un sentimiento, no puedo pararrrrrrrrr”.

También Babá conserva su acento de origen. Y así, hablando siempre con pasión y de manera acelerada, contará que sufre del corazón. Que un médico le prohibió ir a la cancha y ante su negativa decidió visitar a otro que lo medicó.

“Si no me morí de un infarto cuando nos fuimos a la B o, hace 15 días cuando tras 34 años me encontré con mis hermanos en Estambul, no me moriré en lo inmediato”, dijo el canalla refiriéndose por elevación al clásico de hoy. Para Babá, en el fútbol y en la vida hay que esperar con paciencia: y en relación a esa máxima contó algo del emotivo encuentro en el aeropuerto con sus hermanos Masud y Masrud, y el asado para 70 amigos que ofreció como había prometido cuando su equipo ascendió a la A. “Muchos de los que asistieron eran leprosos y los amigos son los amigos”, dijo Babá.

Italo se refirió a los suyos. Dijo que sus cinco amigos más cercanos son de Newell”s, pero confesó que se lleva bien con los canallas de su facultad. Uno y otro sabe de cargadas folclóricas, apodos, chistes y anécdotas. Como todo hincha. Pero repudian la violencia. Ambos aseguraron que ganará su equipo, al que llevan en el corazón tanto como a Rosario. Un sentimiento.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario