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"Seño, te regalo esta virgencita porque no quiero que estés triste"

Domingo 02 de Junio de 2013

"Seño, te regalo esta virgencita para que te cuide y te proteja. Yo te quiero mucho a vos y a la seño Gladys y no quiero que estés triste". Con letra manuscrita, dibujada con lápiz negro, Germán Rojas, de 8 años, escribió esta carta para acompañar una imagen de la Virgen del Rosario de San Nicolás. Esperó a su maestra de 2º grado en la puerta del salón y se la regaló. Fue el jueves pasado, en la Escuela Nº 417 Comandante Razzetti, de Tostado, a tres días del accidente que se cobrara la vida de diez personas, entre ellas siete maestras de esa localidad.

La actitud del nene de 8 años es conmovedora por donde se la mire. Pensó en la maestra que había tenido en primer grado y ya no está, pero también en cuidar a quien la sucedió: Estela Rey, una docente muy jovencita que el día que retomaron las clases —después de dos jornadas de duelo— se quebró y no pudo entrar al salón.

Fue la directora del establecimiento, Nidia Molinari, la que se hizo cargo del grupo de chicos; los llevó a la plaza, conversó con ellos, porque preguntaban de todo. Luego de tranquilizarlos, juntos leyeron un cuento. No era para menos, se trataba de su maestra de primer grado.

"Cuando Gladys (Saavedra) titularizó en San Bernardo y yo tomé su grado, me explicó cómo era cada uno de los chicos, cómo tenía que trabajar con ellos", recuerda, más tranquila, Estela sobre lo valioso que había sido conocer a esa docente y mientras sostiene la Virgen a la salida de la clase.

Un grupo de maestras y directivos de la primaria más antigua de Tostado (tiene 107 años), ubicada frente a la plaza principal de la localidad —de unos 17 mil habitantes—, comparte su dolor luego del trágico suceso. "A pesar de que se habían ido para titularizar en otra escuela, estaban presentes. Esa sensación y congoja de ese lugar que ellas ocuparon es difícil de enfrentar”, reflexionan las maestras Gladys King y Susana Bertolotti y las vicedirectoras Gladys Roldán y Sandra Ravelo.

Hablan de esos lazos que se crean en la escuela y por fuera de ella, y que en mayor o menor medida lograron con las docentes fallecidas Jésica Odiante, Daniela Figueroa, Gladys Rivera y Andrea Zoae, que trabajaron en esa primaria de Tostado.

“Con Gladys no sólo compartíamos el trabajo de la escuela, sino también los sábados, cuando nos reuníamos a planificar”, expresa Susana Bertolotti al recordar con quien trabajó paralelamente, y añade: “Estaba muy contenta porque iba a titularizar, andaba con su papelito de aquí para allá buscando escuela. No es que me sienta culpable, pero la entusiasmamos para que tome en San Bernardo”.

En ese repaso por quienes fueron sus compañeras está el recuerdo de Daniela Figueroa: “Trabajó aquí mucho tiempo haciendo reemplazos. Cuando se trasladó a Villa Minetti primero lo hacía en auto, con otro grupo, pero este mes, como había cambiado el horario, empezó a trasladarse en la Traffic. Era muy dulce y, sobre todo,buena persona”.

“Andrea Zoae transmitía una paz impresionante. Aquí trabajó poco tiempo como bibliotecaria, en un cargo que pagaba la cooperadora porque no estaba creado”, dicen de otras de las educadoras que dejó su vida en la ruta el lunes 27 de mayo. También junto a Jésica Odiante, la más joven de todas, de apenas 25 años y que sólo viajaba el día de la tragedia a Villa Minetti a cubrir el reemplazo de un día.

¿Y cómo se vuelve a clases? “Recuperando lo mejor de ellas, sabiendo que nuestra misión es la de enseñar, que tenemos que estar frente a nuestros alumnos, que siguen esperando de nosotros”, afirma Gladys King, maestra de grado en la 417. Y en grupo coinciden en que si tienen que elegir una imagen de las maestras fallecidas esa es “el compromiso, el respeto y el compañerismo”.

Para Gladys Roldán, una de las vice, quizás lo que pasó permita “revalorizar la tarea docente”. Enseguida se suman el resto de las maestras y repasan que no sólo es la geografía del lugar las que las lleva a moverse de un sitio a otro, sino también los olvidos y postergaciones: “Para capacitarnos muchas veces debemos viajar a Santa Fe, pagando de nuestro bolsillo, porque otra cosa aquí no hay”.

Y todas explican que una de las prioridades que tienen todas las docentes es la de titularizar lo más cerca posible de  sus casas. Por eso se comprende la felicidad que tenían las siete maestras fallecidas cuando lograron esa estabilidad en el cargo. También que para nadie es desconocido haber pasado por una escuela rural, trasladarse “como sea” de un pueblo a otro, meter los pies en el barro hasta quedarse empantanados para ir a enseñar.

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