Jueves 22 de Julio de 2010
Como santafesino me hubiera gustado conocer la opinión de mis senadores nacionales en torno al tema del matrimonio homosexual. Lamentablemente, Carlos Reutemann, con el habitual "no sabe, no contesta" que emplea cuando no le queda claro si fijar posición en torno a un tema le suma o resta votos, se retiró de la sesión sin siquiera votar. Algún día los votantes terminarán castigándolo por estas actitudes. A quien sin duda castigarán es a Roxana Latorre, quien tras venderse como opositora para que la votaran cuando el kirchnerismo estaba "en baja" en la provincia, ahora vota todo a favor del gobierno, incluso en este caso. Claro que no explicó el por qué. ¿Qué iba decir, después de haber hecho suya la opinión de la Iglesia muchas veces? ¿Que votó por sus compromisos con el gobierno? Quien sí se jugó y, a pesar de haberse definido claramente como opositor a este gobierno, votó a favor, de acuerdo a sus convicciones, y no por especulación o compromisos políticos, fue el senador Rubén Giustiniani. Pero lo que quiero resaltar es la justificación que dio a su voto, porque arroja una enorme claridad en torno a este controvertido asunto que hoy divide a nuestra sociedad. Transcribo los párrafos esenciales de su brillante alocución: "El debate se ha planteado en la diferencia, y me parece que hay una confusión con la palabra diferencia"... "Se confunden igualdad y diferencia. Lo contrario a igualdad no es diferencia, es desigualdad" ... "Hoy nadie discute que la mujer sea igual al hombre, que tenga exactamente los mismos derechos del hombre"..."Pero, ¿quién discute que la mujer es diferente al hombre? No lo discute absolutamente nadie. Y la mujer quiere ser diferente, pero quiere ser igual en materia de derechos. Entonces los términos igual y diferente no se pueden discutir conceptualmente. Son distintos. Tenemos que marchar hacia la igualdad, pero eso no quiere decir que se borren las diferencias". Excelente.
Carlos E. Galiano
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