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“Semilla del aire”, el teatro en clave de danza

La directora Alicia Boggián le contó a Escenario cuál es el ADN de esta propuesta, que tiene el protagonismo excluyente de Alejandra Valdés, con su poética, impronta y pasado histórico.

Viernes 04 de Julio de 2014

El teatro danza sale al ruedo con “Semilla del aire”. La puesta invita a conocer a una mujer “danzada por las energías cíclicas de lo humano, lo animal y lo vegetal”. La directora Alicia Boggián le contó a Escenario cuál es el ADN de esta propuesta, que tiene el protagonismo excluyente de Alejandra Valdés, con su poética, impronta y pasado histórico.

   —¿Cómo surge “Semilla del aire” y qué relación tiene con el trabajo anterior del grupo Escaleno?

   —”Semilla del aire” deviene de juntarnos a investigar sobre el movimiento y sobre los lenguajes y técnicas que cada una viene abordando, siendo la danza butoh un lugar de encuentro. Una búsqueda basada en la construcción de un lenguaje propio que potencie las intensidades de los cuerpos y su territorialidad en escena. Con ese lineamiento venimos trabajando con el Grupo Escaleno desde 2008. De ese primer encuentro devino la obra “Matices de barro”, luego llegó “Espejo” y después esta última “Semilla del aire”. Como hilo conductor se podría aportar que todo el material escénico es intransferible, las intensidades que se traducen en poéticas corporales son personales. En “Semilla...” fuimos moldeando con mucha investigación la poética corporal de Alejandra Valdés, la bailarina e intérprete, su material histórico, su lugar de origen, los tiempos, los ciclos, la mutación, lo orgánico, elementos que fueron conectados con el poema “Tiempo del hombre”, de Atahualpa Yupanqui. Ese guión dramatúrgico al que abordé, lo trabajamos con Alejandra, con el músico Alexis Perepelycia, el iluminador Eduardo Safiguroa, la artista plática Paola Di Stillo y la asistencia de dirección de María Levalle, con quienes fuimos armando la puesta. Mi intención fue dar a luz la impronta de ellos en el guión.

   —¿Cuál es la estructura narrativa y cómo se cruzan la danza y el teatro?

   —Lo que más se acerca a una definición de “Semilla del aire” es teatro danza. En ella se cruzan la minuciosa investigación del movimiento y su sonoridad corporal, historias, situaciones, lugares que conviven con Alejandra. Abordando una lectura universal del hombre en cuanto a los tiempos de mutación, ligado a los tiempos del universo y en los tiempos en los que transcurre. Como dice el poema, “en un momento fui parte de la vida vegetal, parte de la vida animal y ahora en presencia humana”. Situando en Alejandra esos estados e intensidades que se traducen en presencias invisibles y metafóricas intentando dejar espacio para la imaginación del espectador.

   —¿Qué lugar ocupan en la construcción del trabajo los elementos de la naturaleza?

   —Los elementos naturales estaban in-situ en cada relato, en cada pasaje del cuerpo habitando el espacio, en la poética discursiva del movimiento, en el poema de Atahualpa. Se trabajó lo orgánico desde la búsqueda, vinculando las imágenes con el agua, con la tierra, todo aquello que traía Alejandra de su tierra natal Añatuya, en Santiago del Estero. Los salitrales, los atardeceres, la aridez, la tierra, los colores, los rostros de la gente y hasta las voces. Los modos de hablar. Se basó en el quichua para dar lugar a la construcción un decir no literal, siguiendo con la lógica de la búsqueda de la poética del movimiento.

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