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Seguridad y política en crisis, la ocasión para abordar una reforma policial

Jornada en Santa Fe. Tres especialistas debatieron sobre el complejo desafío que implica realizar una profunda transformación de la fuerza.

Lunes 16 de Junio de 2014

A las fuerzas de seguridad de todo el país las atraviesan iguales carencias: déficit de profesionalismo, condiciones laborales críticas y organización centralizada que facilita su autonomía y su corrupción. En ese paisaje surgen, como ocurre desde hace un año en Santa Fe, los planteos por transformarlas. Pero las escasas iniciativas para impulsar reformas, coincidieron tres especialistas reunidos en la capital provincial, se deben menos al afán de democratizar estructuras agotadas que a contener crecientes escándalos políticos que acorralan a los gobiernos.

"Para la dirigencia política, progresista o conservadora, la policía fue hasta ahora en la Argentina un instrumento útil de gestión de la conflictividad. Por eso cuando entra en crisis la policía los gobiernos se quedan sin rumbo político, como pasó en diciembre con rebeliones que tuvieron una fuerte impronta laboral en distintas provincias. La policía no se corta sola, la autonomía que logra es consentida por el poder político. Cuando hablamos de reforma policial en serio hablamos de tocar esto", dijo Marcelo Saín, ex director de la Policía de Seguridad Aeroportuaria y actual diputado bonaerense.

Saín puso como ejemplo que en su provincia la discusión legislativa sobre la policía municipal se desató porque intendentes de todos los sectores empezaban a pagar intolerables costos políticos debido a la tensión social generada por la policía en los niveles locales. Saín sitúa el desajuste tras la salida de León Arslanián del Ministerio de Seguridad bonaerense en 2007.

"Cuando entonces la política volvió a financiarse con la policía lo que pasó fue que la tropa policial se internó en negocios poco sofisticados. La exigencia de dinero desde arriba pasó del 40 por ciento al 80 por ciento de lo recaudado. Esto produjo un deterioro muy grande por abajo porque, para compensar lo que cedía de más, la policía empezó a actuar de una manera descontrolada. ¿Qué pasó allí? Todos los intendentes, aún los barones del conurbano, decían lo mismo: «Esta policía nos lleva puestos». Lo que equivale a decir que esta policía no le sirve ni a la derecha. No se pensó en la seguridad ciudadana sino en la lógica del costo beneficio".

Debate. El difícil desafío de la transformación policial fue abordado el jueves en Santa Fe en unas jornadas del programa Delito y Sociedad de la Universidad Nacional del Litoral en una mesa compartida por Saín, el procesalista Alberto Binder y el criminólogo Máximo Sozzo. Los tres convinieron en que no puede prosperar una reforma que no se conciba como una alteración de las correlaciones de fuerza sociales que acarreará crisis, que implica una transformación institucional compleja con resistencias enérgicas de los que pierden poder en el proceso: sectores policiales pero también de la administración pública civil. Lanzarse a una reforma es la peor aventura si no se la sostiene en el tiempo cuando flaquean los recursos económicos o aparecen los sacudones de los actores desplazados.

Ante un auditorio colmado, donde estuvieron el precandidato a gobernador socialista Miguel Lifschitz y el diputado justicialista Eduardo Toniolli, se enfatizó que iniciativas así deben tener como malla de contención un acuerdo político vasto. Por ello Sozzo lamentó que Antonio Bonfatti haya vetado un proyecto de policía judicial que fue apoyado por diversos sectores académicos y políticos y avalado con unanimidad legislativa. "Fue un error extraordinario del gobernador cuyos efectos se harán sentir mucho más allá de este proyecto puntual. Es muy difícil gestionar consensos para políticas públicas tan cruciales después de vetos como este".

Binder sostiene que los procesos de cambio en organizaciones que deben seguir operando son problemáticos y llenos de sobresaltos. "Hay un debate pobre en el país, con una opinión pública o política que impone evaluaciones inmediatas o habla de fracaso en iniciativas positivas que recién empiezan. Tiene que haber conciencia de que los resultados no pueden verse a corto plazo. No se puede evaluar a los 15 días cómo funciona la policía municipal o el proceso de descentralización policial".

Descentralización, profesionalización y modelo transparente de investigación son, para Binder, los tres pilares de cualquier reforma policial. Lo que debe añadir dos bases más: las condiciones laborales de la fuerza y las áreas de trabajo que produzcan información de calidad (citó como ejemplo positivo las nuevas fiscalías en Santa Fe). Además se manifestó en contra de lo que llamó "incrementalismo": adoptar medidas aisladas entre sí y no basadas en un esquema coherente que prevea los efectos de cada cambio antes de avanzar. Saín aceptó que ensayar cambios graduales en marcos políticos adversos no es desechable si hay consciencia de las resistencias que se desatarán y cómo enfrentarlas.

Quiebre. Hay un doble pacto histórico, prosiguió Saín, donde la policía le aseguraba al gobierno que la inseguridad no escalara al problema político y el gobierno le delegaba autonomía en ciertos negocios. Ese pacto se agotó en virtud de que la transformación del fenómeno criminal arrasó con el orden precario que la policía garantizaba. "Cuando la distribución de droga estaba en el sur de Rosario la comisaría de la zona manejaba todo. Pero cuando estos grupos se fueron al centro, trabaron contacto con contadores, abogados e inversores inmobiliarios, compraron futbolistas y pusieron cocinas de cocaína las relaciones se diversificaron. Y ya no pudo la comisaría controlar a los actores de ese negocio, que dejó de ser barrial, local y provincial. A ese quiebre estamos asistiendo".

"Todos estamos aprendiendo en estos temas de reformas policiales y debemos debatir con seriedad, en un proceso de acumulación de conocimiento y sin narcisismo", dijo Binder. Y Saín, que como dirigente político es aliado del espacio kirchnerista, fustigó el "doble estándar" ante políticas de seguridad. "Los sectores progresistas —apuntó— tenemos mucha dificultad para construir capacidades políticas. El Acuerdo de Seguridad Democrática nos sirvió para criticar a Scioli y a Macri pero cuando tuvimos compañeros en el Ministerio de Seguridad no criticamos porque eran nuestros amigos los que estaban allí. En diez años no hubo reformas policiales porque el kirchnerismo no puso en agenda estos temas. La clase política tiene una mirada electoralista y hay que salir de lo coyuntural para enfrentar los problemas".

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