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Se realizó ayer una marcha multisectorial con un fuerte mensaje contra los narcos

Participaron agrupaciones políticas y sociales. Aunque los organizadores querían evitarlo, hubo banderas y cantos partidarios. La movilización, que comenzó en la plaza Pringles y terminó en el Monumento a la Bandera, ocupó unas tres cuadras.  

Miércoles 26 de Junio de 2013

“Contra los narcos estamos todos juntos”. Con algún que otro matiz, esa debe haber sido la frase más repetida ayer en la concurrida marcha multipartidaria y multisectorial contra el narcotráfico por las calles del centro de Rosario. Pero a esa idea, que coincide con la consigna de la convocatoria, le faltó contenido: hubo muchos dirigentes y militantes de agrupaciones políticas, gremiales, sociales y estudiantiles, pero faltaron ciudadanos comunes. En el acto de cierre, cuando se leyó un documento que sintetiza el objetivo de la movilización, la marcha terminó de desdibujarse: hubo cantitos partidarios y terminó abruptamente cuando manifestantes de una agrupación estudiantil interrumpieron la lectura de las adhesiones.

Cerca de las 5 de la tarde, cuando la plaza Pringles comenzó a llenarse de manifestantes, empezó a quedar claro que la pretensión de los organizadores de que no hubiese banderas partidarias no sería más que una expresión de deseos. Y a esa hora ya se vislumbraba también que la movilización contra la violencia y el narcotráfico sería casi excluyentemente una marcha de militantes.

Los primeros rostros visibles en la esquina de Córdoba y Paraguay fueron los concejales. Estaban casi todos y se mostraban unidos. Luego fueron llegando algunos funcionarios municipales y otros de la provincia. Pero la marcha hacia el Monumento arrancó recién cuando se sumó Mónica Fein. La intendenta repitió algunas de sus expresiones habituales sobre la lucha contra el narcotráfico (“tenemos que unirnos para demostrarles a los violentos que somos más fuertes”) y después se abrazó al senador Rubén Giustiniani para emprender la caminata.

Adelante, encabezando las casi tres cuadras de manifestantes, iban la propia Fein y la mayoría de los concejales. Sostenían un gran cartel que decía: “Todos contra el narcotráfico”. Detrás se encolumnaban agrupaciones políticas, gremiales y sociales. También algunos centros comunitarios y militantes en favor del consumo libre de marihuana. “Sí al autocultivo”, decía una gran pancarta que se mezclaba entre las banderas partidarias.

Muy pronto la declamada unidad se convirtió en una ilusión. Fue cuando manifestantes identificados con el kirchnerismo empezaron a cantar consignas contra el gobierno de la ciudad. “Ni socialista ni popular: es la derecha que gobierna la ciudad”, chicanearon. Los otros no se les sumaron, pero entre quienes convocaron a la marcha los rostros de disgusto comenzaron a hacerse visibles. El decano de una facultad de la Universidad Nacional de Rosario comentó: “Es una lástima, esto nos hace daño a todos”.

La columna avanzó rápido hacia el Monumento: sumaba metros, pero no adhesiones. Quienes se sorprendían al paso de los manifestantes por la peatonal Córdoba preguntaban: “¿De qué partido son, qué reclaman?”. Era entendible: veían banderas y escuchaban cantitos partidarios, pero no consignas contra los narcos ni contra la violencia que genera la guerra entre ellos.

En cambio, de a poco se sumaron algunos dirigentes y referentes políticos. Uno de ellos fue Hermes Binner. También Juan Carlos Zabalza, Alicia Ciciliani y el presidente de la Unión Cívica Radical, Mario Barletta. El gobernador Antonio Bonfatti faltó con aviso ya que a esa hora asistía a un acto en Paraná junto a la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, y el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri.

Fein abandonó la columna a la altura de Maipú para asistir a otro acto: la inauguración de la nueva sede de Federación Agraria Argentina. En cambio, los ministros del gobierno provincial que habían llegado desde Santa Fe siguieron hasta el final. Entre ellos estaba el de Seguridad, Raúl Lamberto, quien en las últimas semanas recibió amenazas a raíz de los procedimientos realizados por la policía provincial para esclarecer crímenes vinculados a la guerra narco. Lo acompañaban Rubén Galassi, Juan Lewis, Miguel Angel Cappiello y Antonio Ciancio.

Frente al Monumento se montó un escenario austero: había un micrófono y unos parlantes. Se organizó así porque la idea era que no hubiese oradores: sólo se leería el documento conjunto al que adhirieron todas las fuerzas políticas convocantes y se las citaría genéricamente. Una vez más, la idea era no personalizar ni partidizar el acto para no restarle legitimidad a la convocatoria. Ni Carlos del Frade, mentor de la convocatoria, rompería la regla.

Pero los cantos y chicanas de algunas organizaciones políticas pronto se colaron en la lectura de ese documento. Cerca de la locutora, un grupo de militantes interrumpió varias veces, sobre todo cuando comenzó la mención de las agrupaciones que habían adherido a la convocatoria. Exigían que los dejaran hablar, pero los organizadores de la marcha no lo permitieron. “No habrá discursos, como habíamos acordado”, fue la respuesta del diputado provincial Maximiliano Pullaro, uno de los que más militó en la organización de una marcha despartidizada. Eso enfureció más a los militantes, al punto de forcejear para tomar el micrófono, lo que finalmente precipitó el final del acto.

Habían pasado casi dos horas desde que los primeros manifestantes llegaron a la plaza Pringles. En el Monumento había mucha gente, movilizada en su mayoría por distintas organizaciones. En el perímetro, bastante lejos del núcleo donde se encontraban las agrupaciones militantes, había ciudadanos comunes que no ocultaban su desazón por la politización del reclamo. Eran muy pocos.

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