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Se cumplió la amenaza: tras un asalto violento en un 102 pararon los ómnibus

Movilidad urbana. La  Unión Tranviarios Automotor ya había advertido que ante el primer ataque a un chofer saldrían de servicio. Hoy la actividad será normal.

Lunes 20 de Octubre de 2014

Y se cumplió nomás la amenaza de la Unión Tranviarios Automotor (UTA): pocos minutos antes del final del clásico en la cancha de Rosario Central, la ciudad se quedó sin colectivos. La medida, un paro hasta la medianoche, se aplicó en forma automática a raíz del ataque que alrededor de las 16 sufrió un chofer de la línea 102 en el barrio Cristalería. Y tal como había advertido la semana pasada el secretario general del gremio, Manuel Cornejo, al primer incidente que afectara a un trabajador el servicio se paralizaría. Por eso, al salir de la cancha miles de hinchas se encontraron de a pie, pero era tanta la alegría que a nadie pareció importarle demasiado. La solidaridad entre canallas se puso en marcha y autos, motos y camionetas subieron gente hasta donde pudieron. El que no consiguió otra cosa, simplemente caminó. “Por Central yo vengo hasta gateando”, graficó un fanático que salió del Gigante, fue a festejar al Monumento y luego tendría que volver caminando a Arroyito. Menos complacientes fueron los que, sin tener nada que ver con el fútbol, se quedaron sin transporte público igual.
  En rigor, el incidente que protagonizó ayer un ladrón armado a bordo de un 102, a cuyo conductor asaltó y terminó dando un culatazo en la cabeza, no tuvo que ver con el partido (que en ese momento ya estaba en plena disputa), sino que fue un hecho de violencia más de los que suelen afectar al transporte. Y desde hace meses, Cornejo viene advirtiendo que la tolerancia gremial se acaba cuando el delito incluye una agresión al
chofer.
  Pero durante los días previos ya había quedado claro que para el partido más importante de la ciudad habría una especial atención para evitar que los habituales incidentes que se registran abajo y arriba de los ómnibus terminaran afectando la seguridad de los trabajadores.
  De hecho, Cornejo recordó que los clásicos suelen deparar días “muy complicados” a los afiliados a su gremio, con gente que sube en grupo a los colectivos pero no paga el pasaje, a veces drogada o borracha; que rompe las unidades y roba a los otros pasajeros, o que simplemente ataca a los ómnibus “al paso”, arrojando lo que tiene más a mano.
  Ante ese panorama, advirtió Cornejo el viernes último, el primer incidente dispararía un paro de manera automática. Y eso fue lo que ocurrió
  “Desde la UTA nos llamaron poco después de las 16 para avisarnos que habían decretado un paro a partir del ataque a un chofer de la empresa Rosario Bus”, explicó ayer la secretaria de Servicios Públicos del municipio, Clara García, quien recordó que el hecho se produjo a pesar de que se había desplegado un fuerte dispositivo de seguridad con fuerzas provinciales y nacionales, y agentes de control del municipio.
  Hasta ese momento, afirmó, se venía viviendo “una jornada casi sin incidentes”, pese a las actividades y la movilización de miles y miles de personas que implicaron la organización de la Maratón del Puente Rosario-Victoria, el festejo del Día de la Madre y luego el propio clásico de la ciudad.
  Los taxis, por ejemplo, trabajaron a pleno: al mediodía, aseguró García, el Centro de Monitoreo chequeó la presencia de 1.800 coches circulando por las calles.
  Pero poco después el asalto violento al 102 terminó con la buena onda y dejó a toda la ciudad a pie.
  Y por eso cuando a las 17 el público local empezó a salir del Gigante se topó con la novedad. “Dos horas esperamos el 122”, contaron Emi (19) y Franco (20), dos pibes que caminaron desde el estadio hasta el Monumento, adonde llegaron “medio muertos”, se quedaron un rato al festejo auriazul y después enfilaron hacia sus casas, más al sur, en la zona de Necochea y bulevar Seguí.
  Los que llegaron a la celebración a pie ni lo sintieron. “A nosotros nos trajo la pasión”, dijo María Laura (26). A su lado Santiago (21) aseguraba que “por Central se hace lo que sea”.
  La familia Carmona, otra que fue a festejar, recordó que aunque no haya paro de colectivos, “cuando gana Central, muchas veces unos traen a otros: el que tiene una chata dice «vamos, locos, los llevo», y ahí nomás se carga a cuatro o cinco”.
  El problema fue que no todos estaban de festejo futbolero, sino que muchos necesitaban del transporte para ir o volver de trabajar, o por miles de razones distintas. Fue el caso de Maricruz (47), que esperó en vano el 123 para llegar al Heca, o de Héctor (62), que se enteró del paro mientras aguardaba el 122 para ir a la terminal.

Con el gremio

Pese a enterarse de que había paro recién al salir del estadio, la mayoría de las personas consultadas por La Capital apoyaron a la UTA. “Está bien que paren, si no respetan y rompen todo”, opinó Florencia. A su lado Juan Pedro contó: “Una vez caí preso porque iba en un bondi donde había otros pibes de Tablada que iban haciendo bardo y yo me comí el garrón”.

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